martes, 21 de junio de 2011

Willka Kuti y la búsqueda del equilibrio entre el ser humano y la Pachamama

El ritual ancestral de recibir los primeros rayos solares en Tiwanaku, en el Willka Kuti o Retorno del Sol, durante la celebración del Machaq Mara o nuevo ciclo andino-amazónico, hoy 21 de junio, nos permite fortalecer nuestra identidad que está destinada a vivir en equilibrio y armonía con la Pachamama o Madre Tierra, con el universo y con el resto de los seres vivos del cosmos junto a la complementariedad existente entre el hombre y la mujer o jaqi-warmi.

Los rituales están dedicados también a la integración de la familia y al cuidado de ella; es también el reencuentro con la vida para fortalecer a la sociedad en el mundo.

El 20 de junio, en la cima de la montaña sagrada denominada Quimsachata, distante a unos 30 kilómetros del centro ceremonial de la civilización de Tiwanaku, los amautas o sabios aymaras ya iniciaron los rituales en la espera del retorno del Sol.

Respecto a la forma de cuantificar los días y los meses en el calendario andino-amazónico, algunas investigaciones se refieren a que está dividido en 13 meses, cada uno de 28 días con cuatro semanas de siete días, correspondientes a las cuatro fases de la Luna, con un total de 364 días.

A ellos se suma el día dedicado a la ceremonia del Sol o Willka Kuti, lo que hace un total de 365 días.

Las ceremonias ancestrales que se realizarán en sitios ceremoniales en las regiones del altiplano y los llanos son concebidas por las naciones indígenas del hemisferio sur del planeta como el tiempo y espacio que vuelven destinados a renovar todas las energías que están en la humanidad.

Los rituales milenarios y el mito que se originó en la región altiplánica y lacustre permitió la institucionalización de la civilización andina de Tiwanaku; el Taypi Kala o piedra del centro fue el núcleo de encuentro y equilibrio de las manifestaciones regionales y la semilla de las generaciones que la siguieron.

Algunas leyendas que están entre los amautas o sabios aymaras cuentan que Wirakocha o Padre Sol reposa sobre el Illampu en el Machaq Mara o nuevo ciclo andino-amazónico; el mito dice que el astro ‘camina’ desde allí hasta los dominios del Illimani en el solsticio de verano, el 21 de diciembre.

La tradición ha sido trasladada a la ciudad, como muchas otras, y en esta jornada —dicen los amautas— la personas que se reúnen a la espera de los primeros rayos solares podrán recibir la energía cósmica proveniente del Sol y fortalecer el ajayu o espíritu en la superación del ser humano.

Dependiendo del lugar, cada uno de los rituales está dedicado al retorno del Sol. La mayor parte de ellos se inicia con el encendido del fuego sagrado en el que se entrega la wajt’a u ofrenda a la Pachamama o Madre Naturaleza, una forma de retribución y agradecimiento por la continuidad de la vida. La jornada usualmente es celebrada con danzas y músicas relacionadas con el Autipacha o tiempo seco cuando se se usan sikus o zampoñas.

Otra serie de ritos ancestrales en la espera de la salida del Sol se produce en las islas del Titicaca, considerado el lago sagrado de los Andes. En las islas del Sol y de la Luna también se encenderá el fuego sagrado, además de las que se ubican en el lago menor o Wiñay Marka (pueblo eterno), como la de Suriki, Quewaya y Pariti. En cada una de las apachetas o cerros rituales también se cumplirá con la ceremonia ancestral, que como una autoafirmación cultural se mantiene entre las costumbres de los pueblos andino-amazónicos.

En la jornada, feriado nacional, se renuevan las energías y se consolida aún más la familia, fundamentada en la complementariedad que debe existir entre el jaqi-warmi, la unión para la continuidad de la existencia del ser humano.


MITO Y TRADICIÓN

Montañas. En el área rural, los apus o cerros rituales escogidos son los sitios preferidos para esperar los rayos solares que traen hoy la energía cósmica de renovación. En las ciudades también se cumplirá con el ritual como una tradición que llegó desde el campo y que fue aceptada en la diversidad cultural.

Intensidad. Dice la leyenda que los amautas y yatiris pueden aún percibir la intensidad de los rayos solares del 21 de junio. Ello les permite conocer y deparar el futuro que tendrán los cultivos agrícolas, es decir, si se tendrá el éxito esperado en la cosecha.

Suerte. En esta época, los pobladores de varias comunidades del altiplano y también los ciudadanos de La Paz y El Alto acostumbran acudir a los expertos que leen o miran la suerte en la hoja de coca, los naipes, la clara de huevo, el estaño, la cerveza y el cigarrillo.

Renovación. La energía cósmica proveniente del Sol, es considerada como la renovación del ajayu, que a la vez se constituye en la energía espiritual de las personas. Esto sólo se puede cumplir y hacer posible cuando el jaqi-warmi se encuentra en el camino del equilibrio con el resto de los seres vivos del universo.

Origen. La ritualidad que está dedicada a los astros y a la naturaleza tiene la misma antigüedad que la existencia del hombre.

Los Andes. El Sol en su ‘caminar’ aparente llega hasta el Illampu en el solsticio de invierno, donde reposa para volver a los dominios del Illimani en el solsticio de verano.

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