lunes, 20 de junio de 2011

Machaq Mara, cuando el Sol reposa en el Illampu

Los rituales en el solsticio de invierno se cumplen para la renovación de la energía cósmica en la búsqueda del equilibrio del ser humano.

Edwin Conde Villarreal

Cambio

Los amautas o sabios aymaras aún guardan entre sus antiguas leyendas una referida a las montañas de los Andes y al Machaq Mara o nuevo ciclo andino-amazónico, que es celebrado cada 21 de junio en el solsticio de invierno del hemisferio sur del planeta con el ritual del Willka Kuti o Retorno del Sol.

Se cuenta que Wirakocha o el Padre Sol reposa sobre el nevado Illampu en el Machaq Mara o nuevo año andino-amazónico para iniciar, nuevamente desde allí, su trayecto hacia el sur sobre las crestas nevadas de la cordillera Real.

La máxima elongación del astro en su desplazamiento aparente hacia el norte culmina el 21 de junio, en el solsticio de invierno, y los mitos cuentan que el Padre Sol ‘camina’ desde la región del Illampu hasta los dominios del Illimani en el solsticio de verano, que se celebra el 21 de diciembre.

El investigador Guillermo Lange dice que la deslumbrante presencia del Sol en los equinoccios (21 de septiembre y 21 de marzo) es marcada por el nevado Huayna Potosí o Joven Bramador, que increíblemente se sitúa equidistante entre los dos centinelas del mundo: el Illampu y el Illimani.

Los amautas dicen que “desde el radiante Illampu regresa el Padre Sol, que nos da luz, calor y vida, vuelve desde el septentrión, el soberano hacedor de los resplandores, para originar todos los procesos para la existencia de la Pachamama o Madre Tierra”.

La majestuosa Cordillera Real es considerada por Lange como el marcador astronómico solar más grande existente en el mundo.

Para el investigador, los ciclos solares son calificados como un inefable y grandioso espectáculo astronómico a escala planetaria que estimula el despertar de la conciencia humana.

“Los nevados son fuerzas sagradas, dioses manifiestos, son los Apus o espíritus de los antepasados de épocas antiguas, lugares donde el ser humano puede ser sanado e instruido en la superación de su ser”, menciona Lange, quien asegura que el Sol fue un símbolo por excelencia de la divinidad para las culturas prehispánicas.

Añade que los hombres de las antiguas culturas, como de los Andes y de Egipto, por ejemplo, le rendían culto y le ofrecían grandes rituales, pues para ellos éste no sólo era un astro caliente, como se piensa en la actualidad, sino un ser consciente de quien depende el orden y la vida de los seres del cosmos. En el Willka Kuti o Retorno del Sol se recibe la energía cósmica que nos permite fortalecer nuestra identidad, destinada a vivir en equilibrio y armonía con la Pachamama, con el universo y el resto del cosmos.

Los rituales se cumplirán en sitios ceremoniales del altiplano y de los llanos. En cada lugar donde se reúnan las personas para recibir los rayos solares del 21 de junio se producirá el fortalecimiento del ajayu o espíritu basado en el equilibrio entre el hombre y la mujer, o jaqi-warmi.


El Titicaca, el lago sagrado de los Andes

“Cual gigantesco museo a cielo abierto, estratos y afloramientos fosilíferos de todas las épocas geológicas en islas y lugares adyacentes a la cuenca lacustre —del Titicaca— relatan la historia más antigua que pueda imaginar el hombre”, dice el investigador Guillermo Lange.

Él considera que la forma íntegra y simbología general del Titicaca, el lago más alto del mundo, sólo puede ser contemplada en todo su esplendor, belleza y magnitud desde una considerable altura, lo que permite deducir que es un “señalizador planetario”, convirtiéndose en el lugar más sagrado de los Andes.

Se tienen registros arqueológicos sobre la edificación de una serie de sitios ceremoniales líticos en casi toda la región lacustre y de los rituales que se cumplían en sus islas.

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