domingo, 17 de marzo de 2013

Indígenas conviven con el agua y enfermedades

Son ya 14 las escuelas que han cerrado en el trópico de Cochabamba, como consecuencia de las intensas lluvias, que han provocado el desborde de los ríos Ichilo, Chimoré y otros.

Unos 1.400 niños han dejado de ir a clases, luego de que sus chacos y las calles de sus pueblos se convirtieran en ríos.

En Puerto Villarroel, el agua cubrió gran parte de las viviendas. “El agua llegó hasta los techos, nos sorprendió… Se llevó a los animales: chanchos, gallinas y perros”, dijo uno de los pobladores.

Las calles, ahora convertidas en ríos, están llenas de canoas y de embarcaciones.

Las comunidades indígenas yuracarés y yuquis han quedado aisladas. Algunas, donde hay más niños, juntan agua de lluvia para beber. Después de las inundaciones han aparecido las primeras enfermedades: resfríos, diarreas y dolores musculares.

A pesar del mal tiempo y los días grises en el Chapare, los niños se divierten jugando en medio del agua: nadan, pescan y corretean.
Pero, “la ayuda no llega, no sabemos qué hacer, vivimos sobre el agua, mientras tanto nos alimentamos con pescado, plátano y sal. Los niños, juegan en el agua, no hallan qué más hacer, porque no hay clases”, contó una de las indígenas de Nueva Bethel, Lorenza Herbas.

Lorenza, una yuracaré de 46 años, luego de una difícil jornada para conseguir leña y comida para sus seis hijos, dijo: “Nosotros nos sentimos discriminados por Puerto Villarroel, porque cuando ocurre una inundación no nos brindan ayuda y nos dicen: vayan a pedirla a Yapacaní”.

Nueva Bethel, es una de las comunidades indígenas del Territorio Comunitario de Origen (TCO) Yuracaré Trinitario, ubicada a 10 minutos de distancia en canoa de Puerto Villarroel. Los 30 niños que hay en la comunidad encuentran muy divertido jugar en el agua. “Muchos de ellos, tienen fiebre, sarna por el agua sucia, vómitos, diarrea y tos. Las comunidades somos olvidadas, tomamos hasta agua del río. La necesidades son grandes, con la inundación no hay peces, las gallinas han muerto”, dijo una profesora, Rosalí Soquines.

“Todo está bajo el agua. Esperamos que el agua baje pronto para recuperar algo”, contó el cacique de Nueva Bethel, José Víctor Antezana. Los niños juegan y corren en el agua. Otras tres niñas se divierten con su mascota: un pequeño loro verde.



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