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domingo, 22 de diciembre de 2013

El bachillerato cambia la vida a los ayoreos adultos

Juan Chiqueno Picaneray, un ayoreo que a sus 65 años consiguió su título de bachiller, comenta orgulloso que gracias a esto dejó de firmar con la huella dactilar y ahora puede escribir su nombre.

Para él no fue sencillo estudiar, porque asegura que a su edad es más difícil entender, más aún porque nunca había intentado aprender a leer y a escribir, pues las clases se impartían en español, idioma que poco conoce.

Adela Moreno Dosapei (58) está más orgullosa de ser bachiller y asegura que ella tuvo más facilidad en el aprendizaje. Eso se puede percibir cuando se entabla una conversación con ella, porque habla con más fluidez el español, además comenta que en varias oportunidades los estudiantes universitarios la han buscado para que les ayude a comprender la cultura ayorea en sus diferentes aspectos, como la alimentación.

Ejemplo familiar

Los dos hijos de Adela también se interesaron por el estudio. Su hija mayor, de 21 años, salió bachiller el año pasado y ahora ayuda en la guardería de la comunidad. De igual forma su hijo de 15 años está en secundaria y quiere terminar de estudiar antes de entrar al cuartel.

Adela es una de las más preocupadas en recibir orientación para ver las posibilidades que tienen, como pueblo indígena, de continuar estudios, porque asegura que para ellos la situación económica es muy difícil.

Andrés Chiqueno (40) es otro ayoreo que ha comprendido que con el estudio se puede conseguir mejores oportunidades. Ahora que es bachiller intenta buscar un lugar o una ayuda para estudiar una carrera técnica. Está interesado en aprender electricidad, para tener un trabajo más estable.

Andrés trabaja en la Central Ayorea Nativa del Oriente Boliviano (Canob) y también percibe dinero extra por hacer traducciones en su lengua.

Ellos son parte de los 10 ayoreos graduados en la cuarta promoción del Centro de Educación Media para Adultos (CEMA), que funciona en la comunidad Degüi, en el barrio Bolívar de la Villal Primeo de Mayo. Con ellos también egresaron otras 19 personas que no son de la comunidad. El asambleísta ayoreo Suby Picaneray y su esposa también fueron parte de este grupo de graduados.

Del mismo modo, el presidente de la Canob, Arturo Chiqueno (45), fue compañero de este grupo. Él comenta que de niño, cuando tenía seis años de edad, en Rincón del Tigre entró a la escuela para cursar la primaria. Asegura que no fue nada sencillo, porque tuvo que trabajar para costear sus útiles escolares. Luego abandonó la escuela por muchos años hasta que ahora ha decidido alcanzar el bachillerato.

Para los ayoreos dar este paso en el campo educativo ha sido complicado, además en su cultura la educación no es una prioridad. Eso se percibe en el CEMA que funciona en Poza Verde, que es una comunidad ayorea, donde la mayoría de los que estudian allí no son del pueblo indígena, informó Chiqueno.

Asegura que con los años los que viven en la ciudad o sus proximidades han tenido más interés en los estudios.

Convenios firmados

Chiqueno, en calidad de dirigente de la Canob, informó de que han logrado firmar un convenio con la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, y espera que para el próximo año puedan haber ayoreos cursando carreras universitarias, porque hay interesados.

La Canob también firmó convenio con un instituto para que sus afiliados puedan estudiar enfermería, pero hasta ahora ningún ayoreo se ha postulado.

Julia Chiqueno ha sido una de las primeras bachilleres ayoreas. Ella tuvo que estudiar en una escuela regular. Luego, con el apoyo de la Confederación Indígena del Oriente Boliviano (Cidob), comenzó a estudiar Trabajo Social en la Universidad Evangélica Boliviana (UEB), pero solo estuvo un año y medio, porque le daban media beca y tenía dificultades para pagar sus estudios.

Julia espera otra oportunidad para continuar sus estudios superiores. Actualmente, ella es responsable de la guardería que funciona en la comunidad Degüi, adonde asisten 50 niños

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