Dirigentes indígenas consideraron ayer benignas las medidas sustitutivas a la detención aplicadas contra la diputada ayorea Teresa Nominé, acusada de haber provocado destrozos en un restaurante de pollos de la Villa Primero de Mayo, el pasado sábado, cuando se encontraba en estado de ebriedad.
"A mí me mechoneó", recordó la dirigente de una facción de la Confederación Indígena de Bolivia, Justa Cabrera, al recordar que Nominé cambió de opinión de un momento a otro pues en la octava marcha de defensa del Tipnis los apoyó, pero en la novena se inclinó a favor del gobierno de Evo Morales.
Fue entonces que ocurrió la pelea cuando ambas se encontraron en una oportunidad.
Este lunes, el juez Wilson Arévalo dio a Nominé arraigo, el pago de 10 mil bolivianos de fianza y la prohibición de consumir bebidas alcohólicas.
Reacciones adversas. "Lo mínimo que debe hacer es pedir disculpas a los cinco pueblos indígenas porque nos desprestigia", dijo otra dirigente de la Cidob, Nelly Romero, al coincidir con Justa Cabrera que la legisladora debe mantener una conducta intachable y no andar exhibiéndose en estado etílico.
De la misma manera, el diputado indígena, Pedro Nuni, lamentó el desprestigio que sufre su bancada por este tipo de situaciones y señaló que esa es una falta grave.
Por su parte, José Bailaba, titular del curul de Nominé lamentó que este tipo de incidente podría dejarlo sin su suplente y duplicarle el trabajo regional.
Nuni dijo que en La Paz se analiza formular una denuncia en la comisión de ética para analizar su suspensión o amonestación, teniendo en cuenta que por hechos más leves procesan a diputados como fue el caso de Adriana Gil.
Proceso
Legisladora se recupera y busca plata
Una hipertensión. Derivada de un avanzado estado de diabetes provocó una descompensación a Nominé que motivaron su internación en el hospital de Guaracachi.
No se defiende. Ayer en la tarde, su esposo, Mario Alpire, contestó el teléfono de la legisladora e informó que ya le darán de alta. Anunció que una vez recuperada hablará con los periodistas. La dirigente Justa Cabrera dijo que será difícil hacerle seguimiento para ver si se emborracha o no.
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miércoles, 10 de octubre de 2012
Senadora 'No se paraliza la consulta del Tipnis'
La presidente de la Cámara de Senadores, Gabriela Montaño (MAS) dijo que no se paralizará la consulta en el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), pese a haberse obtenido dos tercios de votos de las comunidades a favor de la construcción de la carretera Villa Tunari - San Ignacio de Moxos.
La legisladora manifestó que no existe ninguna intención de paralizar este proceso, aunque el presidente Evo Morales dijo, este lunes, que "ya no es importante hacer la consulta", tras haberse obtenido estos dos tercios.
"No se está parando la consulta, va a proseguir en los tiempos que están señalados por la ley, y hasta el momento existen 48 comunidades consultadas", expresó./ANF
La legisladora manifestó que no existe ninguna intención de paralizar este proceso, aunque el presidente Evo Morales dijo, este lunes, que "ya no es importante hacer la consulta", tras haberse obtenido estos dos tercios.
"No se está parando la consulta, va a proseguir en los tiempos que están señalados por la ley, y hasta el momento existen 48 comunidades consultadas", expresó./ANF
lunes, 8 de octubre de 2012
Será el 21 de diciembre en Copacabana Autoridades alistan cita de líderes indígenas
El Gobierno alista el encuentro de líderes de pueblos indígenas de todo el mundo en Copacabana, el 21 de diciembre, para lo que prevé la llegada de más de 10.000 personas, por lo que habilitará hospedaje adicional en casas particulares y en la infraestructura de las Fuerzas Armadas.
El ministro de Culturas, Pablo Groux, explicó que para esa fecha, en la que se celebrará el solsticio de verano y la conclusión de una era y el inicio de otra, se espera la llegada de miles de personas a esa población paceña, así como a la Isla del Sol.
Precisó que la capacidad de hospedaje instalada en Copacabana es de 10.000 camas en sus distintas categorías, pero se piensa habilitar albergues transitorios en casas particulares, así como en el cuartel que hay en esa población.
Groux consideró que el encuentro del 21 de diciembre será inédito porque permitirá el inicio de un nuevo tiempo.
Precisó que esa reunión está siendo coordinada por un equipo encabezado por el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Informó también que previo al 21 de diciembre se realizará un encuentro de delegaciones indígenas del país el 12 de octubre, día de la interculturalidad.
En esa reunión que se realizará en el coliseo cerrado, dijo, se dará un proceso de reflexión y de reivindicación de la identidad de los pueblos indígenas.
“Se conmemorará el inicio del Taki Onqoy (baile de la sanación), que está vinculado al 21 de diciembre, en un amplio proceso de reflexión”, dijo. El 12 de octubre se espera la participación de al menos 5.000 personas.
El Gobierno nacional anunció que en esta fecha finalizará la época de la desunión para dar paso a la unión y la armonía.
El canciller Choquehuanca advirtió que ese día “termina” la Coca-Cola para dar paso al mocochinchi (refresco de durazno deshidratado), en referencia a que se debe aprovechar la comida natural y dejar de lado la dieta alimentaria industrial.
Un evento de esta naturaleza se realizará por primera vez en el Estado boliviano.
El ministro de Culturas, Pablo Groux, explicó que para esa fecha, en la que se celebrará el solsticio de verano y la conclusión de una era y el inicio de otra, se espera la llegada de miles de personas a esa población paceña, así como a la Isla del Sol.
Precisó que la capacidad de hospedaje instalada en Copacabana es de 10.000 camas en sus distintas categorías, pero se piensa habilitar albergues transitorios en casas particulares, así como en el cuartel que hay en esa población.
Groux consideró que el encuentro del 21 de diciembre será inédito porque permitirá el inicio de un nuevo tiempo.
Precisó que esa reunión está siendo coordinada por un equipo encabezado por el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Informó también que previo al 21 de diciembre se realizará un encuentro de delegaciones indígenas del país el 12 de octubre, día de la interculturalidad.
En esa reunión que se realizará en el coliseo cerrado, dijo, se dará un proceso de reflexión y de reivindicación de la identidad de los pueblos indígenas.
“Se conmemorará el inicio del Taki Onqoy (baile de la sanación), que está vinculado al 21 de diciembre, en un amplio proceso de reflexión”, dijo. El 12 de octubre se espera la participación de al menos 5.000 personas.
El Gobierno nacional anunció que en esta fecha finalizará la época de la desunión para dar paso a la unión y la armonía.
El canciller Choquehuanca advirtió que ese día “termina” la Coca-Cola para dar paso al mocochinchi (refresco de durazno deshidratado), en referencia a que se debe aprovechar la comida natural y dejar de lado la dieta alimentaria industrial.
Un evento de esta naturaleza se realizará por primera vez en el Estado boliviano.
150 parejas se unen con ritos ancestrales
Más de 150 parejas indígenas de la Amazonía decidieron juntar sus vidas a través de un matrimonio ancestral. El acto, organizado por el Viceministerio de Descolonización, se desarrolló ayer en Cobija, Pando.
Las parejas que se casaron en el ritual ancestral provienen de los pueblos indígenas Machineris, Pacahuaras, Yaminahuas, Tacanas, Ese Ejjas, Cavineños y Araonas, entre otras nacionalidades.
“Estamos instituyendo un nuevo modelo de familia que no sea patriarcal; que tenga una base Plurinacional, de corresponsabilidad, de reciprocidad, de complementariedad”, destacó el viceministro de Descolonización, Félix Cárdenas, según un comunicado de prensa de su cartera.
En el acto, además de Cárdenas, estuvo presente el gobernador de Pando, Luis Flores, la alcaldesa de Cobija, Ana Lucía Reis, y autoridades indígenas.
Este evento es el segundo que se desarrolla en la gestión de Evo Morales. La pasada gestión, el Mandatario participó de la unión de 350 parejas bajo los ritos andinos. En esa oportunidad, contrajeron matrimonio parejas de 11 regiones originarias; Pacajaqis, Carangas, Charcas Kara Kara, Chipayas, Uru Iruhitos, Kallawayas, Omasuyos, Killacas, Soras, Lupaqas y Afrodescendientes.
Indígenas denuncian que el Gobierno actúa de mala fe
Indígenas del TIPNIS denunciaron que el Gobierno está actuando de mala fe para lograr la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos por el medio de ese territorio.
El presidente de la Subcentral TIPNIS, Fernando Vargas, dijo que pese al fracaso de la consulta que realiza el Ejecutivo en las comunidades del Isiboro Sécure, se insiste en construir una carretera para beneficiar a sectores sociales como los cocaleros.
“Están actuando de mala fe”, dijo el dirigente en referencia a la reanudación de la construcción del tramo I de ese proyecto vial que estuvo suspendido después de la ruptura del contrato con la empresa brasileña OAS.
El sábado, el presidente Evo Morales suscribió el contrato con las bolivianas AMBI y PBC para construir esa parte de la vía.
El presidente de la Subcentral Sécure, Emilio Nosa, también lamentó que el Gobierno “no mantenga sus compromisos” porque ahora alegando que ya tiene dos tercios de comunidades que dicen sí a la carretera ya perfila entrar al TIPNIS con maquinaria.
“Seguramente el plan es hacer los tramos I y III, y después penetrar al tramo II”, opinó.
Vargas recordó ayer al Gobierno que no existe una mayoría que acepte la construcción del tramo II de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos en medio del territorio indígena.
El dirigente señaló que Morales desinforma a la población boliviana y que no le conviene decir que la consulta va perdiendo, pues 32 comunidades de los ríos Isiboro e Ichoa del parque rechazan el proceso y, según Noza, indígenas de 12 poblaciones del río Bajo Sécure se resisten a la consulta.
“Es una trampa la información que maneja el Gobierno. Que los indígenas expresen el apoyo a los temas de salud y proyectos desarrollo no quiere decir que acepten la carretera, más bien es una forma de chantaje que hace el Gobierno”, declaró a ERBOL.
El Ejecutivo argumenta que son 45 las comunidades que están de acuerdo en que se construya una carretera por el medio de la reserva ecológica.
El presidente de la Subcentral TIPNIS, Fernando Vargas, dijo que pese al fracaso de la consulta que realiza el Ejecutivo en las comunidades del Isiboro Sécure, se insiste en construir una carretera para beneficiar a sectores sociales como los cocaleros.
“Están actuando de mala fe”, dijo el dirigente en referencia a la reanudación de la construcción del tramo I de ese proyecto vial que estuvo suspendido después de la ruptura del contrato con la empresa brasileña OAS.
El sábado, el presidente Evo Morales suscribió el contrato con las bolivianas AMBI y PBC para construir esa parte de la vía.
El presidente de la Subcentral Sécure, Emilio Nosa, también lamentó que el Gobierno “no mantenga sus compromisos” porque ahora alegando que ya tiene dos tercios de comunidades que dicen sí a la carretera ya perfila entrar al TIPNIS con maquinaria.
“Seguramente el plan es hacer los tramos I y III, y después penetrar al tramo II”, opinó.
Vargas recordó ayer al Gobierno que no existe una mayoría que acepte la construcción del tramo II de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos en medio del territorio indígena.
El dirigente señaló que Morales desinforma a la población boliviana y que no le conviene decir que la consulta va perdiendo, pues 32 comunidades de los ríos Isiboro e Ichoa del parque rechazan el proceso y, según Noza, indígenas de 12 poblaciones del río Bajo Sécure se resisten a la consulta.
“Es una trampa la información que maneja el Gobierno. Que los indígenas expresen el apoyo a los temas de salud y proyectos desarrollo no quiere decir que acepten la carretera, más bien es una forma de chantaje que hace el Gobierno”, declaró a ERBOL.
El Ejecutivo argumenta que son 45 las comunidades que están de acuerdo en que se construya una carretera por el medio de la reserva ecológica.
Indígenas analizan procesar al Estado y piden no desinformar a comunidades
La dirigencia indígena en defensa del Tipnis se reunirá hoy en Santa Cruz, junto a los representantes de los 34 pueblos de Tierras Bajas y otras organizaciones, para analizar una demanda internacional contra el Estado sobre las irregularidades en el proceso de consulta y la posibilidad de presentar a un comunario como candidato a las elecciones de la gobernación en el departamento del Beni.
“También analizaremos la propuesta de otra demanda internacional de los pueblos indígenas contra el Estado boliviano ya que se ha agotado a nivel nacional”, dijo el vocero de este movimiento, Youcy Fabricano.
Aseguró que los pueblos indígenas, en su mayoría, ya no confían en el Movimiento Al Socialismo (MAS) y en su candidata representante Jessica Jordan, por ello podrían definir un postulante propio para los comicios del 20 de enero.
Por otro lado, una comisión indígena se instaló en Puerto Totora ayer con el objetivo de continuar la socialización de las consideradas arbitrariedades en el proceso de consulta.
“Desmentimos que el Gobierno haya consultado a esta comunidad, estamos fortaleciendo la resistencia aquí y en Puerto San Lorenzo y en Gundonovia, los hermanos se han mantenido firmes, pero nos da pena por algunos hermanos que aceptan la consulta. Los indígenas estamos divididos”, manifestó el corregidor del lugar, Macario Noza.
Por su lado, el anunciado traslado de la consulta fue criticado por la Defensoría del Pueblo anticipó que sacar a los indígenas de su territorio para efectuar este proceso podría tener mayores complicaciones.
Esta situación, sin embargo, no fue comunicada oficialmente, según la presidenta del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Wilma Velasco, quien dijo que el Ministerio de Obras Públicas no remitió ninguna comunicación oficial para disponer las brigadas correspondientes en el trabajo de acompañamiento al proceso.
Velasco dijo a ABI que el TSE estuvo presente con sus brigadas en las 46 comunidades donde se realizó la consulta hasta la fecha, versión que el presidente de la subcentral Tipnis, Fernando Vargas, desmintió y exigió que las autoridades del Ejecutivo no confundan a la población boliviana.
“Es una trampa la información que maneja el Gobierno. Que los indígenas expresen el apoyo a los temas de salud y proyectos desarrollo no quiere decir que acepten la carretera, más bien es una forma de chantaje para lograr un objetivo que es aceptar la carretera. No hay una mayoría que acepte la carretera”, declaró el dirigente a la Agencia de Noticias Indígenas de Erbol.
“También analizaremos la propuesta de otra demanda internacional de los pueblos indígenas contra el Estado boliviano ya que se ha agotado a nivel nacional”, dijo el vocero de este movimiento, Youcy Fabricano.
Aseguró que los pueblos indígenas, en su mayoría, ya no confían en el Movimiento Al Socialismo (MAS) y en su candidata representante Jessica Jordan, por ello podrían definir un postulante propio para los comicios del 20 de enero.
Por otro lado, una comisión indígena se instaló en Puerto Totora ayer con el objetivo de continuar la socialización de las consideradas arbitrariedades en el proceso de consulta.
“Desmentimos que el Gobierno haya consultado a esta comunidad, estamos fortaleciendo la resistencia aquí y en Puerto San Lorenzo y en Gundonovia, los hermanos se han mantenido firmes, pero nos da pena por algunos hermanos que aceptan la consulta. Los indígenas estamos divididos”, manifestó el corregidor del lugar, Macario Noza.
Por su lado, el anunciado traslado de la consulta fue criticado por la Defensoría del Pueblo anticipó que sacar a los indígenas de su territorio para efectuar este proceso podría tener mayores complicaciones.
Esta situación, sin embargo, no fue comunicada oficialmente, según la presidenta del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Wilma Velasco, quien dijo que el Ministerio de Obras Públicas no remitió ninguna comunicación oficial para disponer las brigadas correspondientes en el trabajo de acompañamiento al proceso.
Velasco dijo a ABI que el TSE estuvo presente con sus brigadas en las 46 comunidades donde se realizó la consulta hasta la fecha, versión que el presidente de la subcentral Tipnis, Fernando Vargas, desmintió y exigió que las autoridades del Ejecutivo no confundan a la población boliviana.
“Es una trampa la información que maneja el Gobierno. Que los indígenas expresen el apoyo a los temas de salud y proyectos desarrollo no quiere decir que acepten la carretera, más bien es una forma de chantaje para lograr un objetivo que es aceptar la carretera. No hay una mayoría que acepte la carretera”, declaró el dirigente a la Agencia de Noticias Indígenas de Erbol.
domingo, 7 de octubre de 2012
Una líder kallawaya
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Wara Vargas / Página Siete
Wara Vargas / Página Siete
A pesar de la gran responsabilidad de su cargo, Elisa es un chica jovial y alegre.
Elisa Vega pertenece a la cultura kallawaya del pueblo de Amarete, casi en la frontera con Perú. Con apenas 28 años, y parece aún más joven, dirige la unidad de despatriarcalizacion del Viceministerio de Descolonización. Fue la integrante más joven de la Asamblea Constituyente cuando se redactó el texto de la nueva Constitución Política del Estado. No va a trabajar de falda, saco y cartera: su vestimenta es la de una mujer kallawaya.
“¿Para qué y de qué tipo de entrevista se trata?” , quiso saber antes de iniciar una conversación con Miradas. “Nos gusta entrevistar a gente interesante”, le explico. “¿Y yo soy interesante?”, pregunta, encogiéndose de hombros. “Bueno, vamos”, dice finalmente con una sonrisa.
Que funcionarios del actual Gobierno lleven vestimenta indígena tradicional es un hecho común en nuestros días, casi un cliché. Pero en Elisa no se percibe ninguna actitud forzada. Hay algo en sus gestos, cuando se pone su manta y el sombrero, cuando acomoda su bolso, que revela reverencia y orgullo.
La cultura kallawaya se caracteriza por una relación íntima con la naturaleza, con la tierra. Aquellos individuos que son llamados a ser sabios se convierten en médicos naturistas, pero en el Jathun Ayllu del que proviene Elisa, quien más quien menos, conoce las propiedades curativas de las plantas. El idioma tradicional de esta cultura es el machajuyai.
Sabiduría femenina
La colonización para los kallawayas empezó mucho antes de la Colonia española; por eso, en la vida cotidiana, los habitantes de Amarete hablan aymara o quechua y también castellano. El machajuyai se utiliza durante las ceremonias rituales y a la hora de curar algún mal o enfermedad.
“También es una forma de medicina, como una conexión. El machajuyai establece una relación con la Madre Tierra. Actualmente, las abuelas están usando este idioma porque tiene un poder en la relación con el cosmos”, explica Vega, quien cuenta que en tiempos antiguos las mujeres eran las principales depositarias del conocimiento de la medicina kallawaya. Los hombres, en cambio, cumplían la función de difundir la medicina; la llevaban a otros pueblos y comunidades.
“Pero quienes conocían todo acerca de las hierbas y plantas, la manera de reconocerlas y la forma en que se debía hacer la cosecha, eran las mujeres. No todas las plantas son medicinales. Generalmente se identifican como macho y hembra. Mayormente, las plantas hembra son las que sirven como medicina. Las mujeres se encargaban de la casa, del cuidado de los hijos y también de las plantas”, afirma Elisa.
Los kallawayas aprenden a relacionarse y a curarse con las plantas desde la niñez. “Mi tierra es un valle, estamos en medio de los cerros, de las cordilleras. Cuando uno tiene un resfrío, una cortadura, una herida o alguna infección, tiene que saber curarse. Uno busca una planta y se sana. Es un aprendizaje, porque no hay hospital ni doctor y cada uno es su propio médico. En el campo, a veces estás sola en la loma y tienes que saber qué hacer cuando tienes, por ejemplo, una luxación; cuidar tu salud es una necesidad”, explica.
Pero la medicina kallawaya no solamente se ocupa del cuerpo físico, sino también de las energías, del ajayu y de presencias que no se ven.
“Vivimos en un lugar sagrado, de plantas que son sagradas, y en este espacio se manejan las energías. Uno tiene que sanar su cuerpo y también su espíritu. Una vez que uno se accidenta y se asusta tienen que curarle su ajayu y su cuerpo”, afirma y menciona que la medicina de su pueblo también se ocupa de conflictos psicológicos como la depresión.
“En este caso es muy importante la música; los khantus, que son melodías terapéuticas. Cada región tiene su propio tono y, si se hacen las combinaciones correctas, se encuentra la sanación del estrés o de algunos problemas psicológicos”, asegura esta mujer kallawaya.
El llamado de la naturaleza
No cualquiera puede aspirar a ser un sabio o sabia kallawaya.
La premisa inicial es haber sido tocado por un rayo y haber sobrevivido, o traer una marca especial, por ejemplo un dedo más en la mano o en un pie o cualquier otra marca particular o distinta.
Elisa vino al mundo con una señal de la naturaleza. Aunque prefiere no mencionar qué tipo de marca es la suya, afirma que sí le dijeron que ella podría llegar a convertirse en sabia. Sin embargo, esa marca natural no es suficiente. Los médicos y sabios eligen a sus discípulos. “No es algo que uno va a pedir. Eso algo que se da y te buscan”, dice.
Elisa Vega estudió enfermería, pero la curación más sorprendente que vio fue en Amarete, cuando, hace años, su tío tuvo un accidente automovilístico. Su pueblo ha sido completamente olvidado durante centurias. Aun hoy, su economía se basa fundamentalmente en el trueque, el intercambio de productos.
Cuando su tío sufrió el accidente, “no había plata ni hospital ni nada”, recuerda. “Él tenía fractura expuesta, el hueso se estaba saliendo en astillas por todo lado. El hueso estaba en pedazos y yo pensé que nunca se iba a curar, que se iba a morir, pero mi abuela dijo que no. En ese tiempo teníamos muchas plantaciones de azucenas que se usan para ciertos tipos de fiestas y algunos bailes. Mi abuela fue a traer azucenas y las molió junto con otras plantas y después trajo unos palos y amarró la pierna de mi tío. La pierna se sanó rápido, uno cree que una fractura como ésa es para el quirófano y que no se puede sanar sin tornillos. Ese aprendizaje que tuve con mi abuela me ha enseñado mucho y me ha admirado mucho. Mi tío todavía está vivo y camina normalmente”, cuenta.
En 2003, la cultura kallawaya fue declarada Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la Unesco; el machajuyai está reconocido como idioma de una de las 36 naciones que existen en Bolivia. A partir de entonces, la nación kallawaya ha adquirido una mayor visibilidad, pero cuando Elisa era niña, Amarete estaba abandonada por el Estado.
Recuerdos para olvidar
“Cuéntame de tu infancia en Amarete”, le pido a Elisa.
“Estuve junto a mi familia hasta los siete años. Pero por la cantidad de hermanos que éramos y a causa de los problemas familiares que teníamos, fui entregada a una señora que tenía una hacienda, para trabajar. Vivíamos con poca comida y poca ropa. La discriminación era muy fuerte y también la violencia. Había una diferencia entre los hijos del patrón y los hijos de los indígenas. Pero todo eso también me ha servido como reflexión y para estudiar, pero también para empezar a organizar a mujeres y a los hermanos para reflexionar y visibilizar que no estábamos viviendo bien”, dice.
¿Y quién se quedó contigo, quién te cuidaba si sólo tenías siete años?, cuestiono. “¿Cuidarme?”, pregunta desconcertada. “Yo era una trabajadora ahí. Yo era la que cuidaba. Los hijos del patrón tenían una niñera. Sí había gente adulta, pero estaba para vigilarme y para hacer un seguimiento a mi trabajo, si estaba bien o mal hecho”, contesta. Pero, siendo tan pequeña, ¿nadie se ocupaba de que estés bien?, insisto y Elisa permanece callada. De repente murmura algo, pero después aprieta los labios y llora. “No quiero hablar”, dice. “Nadie me había preguntado por mi niñez, sí sobre mi liderazgo, pero no sobre mi niñez. Quería olvidar mi niñez”, afirma tras un largo silencio.
A pesar de todo lo vivido, Elisa no cree que la familia de la hacienda haya sido malvada. “Yo creo que no eran malos, era un rol que ellos desempeñaban que ha sido traído desde España. Para ellos éramos unos salvajes. Estaban cumpliendo algo que les han dejado sus antepasados, sus abuelos. Yo creo que no es culpa de ellos, sino que han heredado una mentalidad”, agrega.
Milagrosa cajita de tiza
Cuando Elisa tenía diez años, su familia volvió a la hacienda para buscarla. “Han recapacitado, ellos me han buscado”, dice.
Al principio estaba enojada. “¿Por qué no me han matado cuando he nacido?”, les reprochó. Pero una vez en su pueblo todo cambió. Había una escuela que sus hermanos visitaban y a ella le encantó la idea de aprender a leer y a escribir. Empezó a organizarse en un centro de estudiantes desde el cual exigía que los profesores trabajaran con seriedad.
“La mía era una comunidad muy abandonada y empezamos a cuestionar. Los profesores hacían lo que querían, a veces se perdían semanas y no había quién reclame y ahí empecé a hacer una organización de estudiantes y presentábamos propuestas. La educación era muy atrasada; la mayoría tenía entre 18 y 22 años en secundaria”, cuenta.
Más tarde, algunas alumnas que ya sabían leer y escribir se propusieron ayudar a otras mujeres jóvenes que no podían estudiar porque debían atender a sus familias. “Un día hubo un festival en el colegio que organizó mi municipio; nosotras bailamos una danza originaria y ganamos unas cajitas de tiza y una pizarra. Ahí empezamos a hacer una escuela en la casa de mi papá para las mujeres que no habían podido ir al colegio para aprender”, rememora. Alguna gente de la comunidad no veía con buenos ojos las actividades de Elisa, pensaba que las mujeres no debían estudiar. Pero esta vez su familia le brindó todo su apoyo.
Con el tiempo, Elisa se hizo parte de la organización de las “Bartolinas” y empezó a convertirse en líder. Hoy viste sus ropas tradicionales porque para ella es importante mostrar quién es y de dónde viene.
Contra el patriarcado
Uno de los actuales desafíos de Elisa Vega es buscar alternativas a la educación patriarcal y machista que reciben los jóvenes en instituciones educativas y, sobre todo, durante el servicio militar.
“En el servicio militar es donde más existe esa formación machista y patriarcal y ellos han ido replicando eso contra las mujeres y se sigue reproduciendo. Hay que cambiar mucho”, sostiene.
En la noche, mucho después de la entrevista, recibo una llamada.
“Habla Elisa”, dice la voz al otro lado del teléfono.
“He estado revisando algunos documentos y he leído que los medios de comunicación suelen poner a las mujeres como víctimas. Te pido que no me pongas como una víctima”, dice.
Le prometo que lo intentaré, pero que sí abordaré su niñez, porque tal vez alguien lea esta nota mientras un niño de ocho años le lustra los zapatos o recoge la taza donde acaba tomar el café de la mañana. Y porque dentro de 20 años quiero hacerle una entrevista a ese niño y que no llore mientras hablamos.
He estado revisando algunos documentos y he leído que los medios de comunicación suelen poner a las mujeres como víctimas. Te pido que no me pongas como una víctima, dice.
Wara Vargas / Página Siete
Wara Vargas / Página Siete
A pesar de la gran responsabilidad de su cargo, Elisa es un chica jovial y alegre.
Elisa Vega pertenece a la cultura kallawaya del pueblo de Amarete, casi en la frontera con Perú. Con apenas 28 años, y parece aún más joven, dirige la unidad de despatriarcalizacion del Viceministerio de Descolonización. Fue la integrante más joven de la Asamblea Constituyente cuando se redactó el texto de la nueva Constitución Política del Estado. No va a trabajar de falda, saco y cartera: su vestimenta es la de una mujer kallawaya.
“¿Para qué y de qué tipo de entrevista se trata?” , quiso saber antes de iniciar una conversación con Miradas. “Nos gusta entrevistar a gente interesante”, le explico. “¿Y yo soy interesante?”, pregunta, encogiéndose de hombros. “Bueno, vamos”, dice finalmente con una sonrisa.
Que funcionarios del actual Gobierno lleven vestimenta indígena tradicional es un hecho común en nuestros días, casi un cliché. Pero en Elisa no se percibe ninguna actitud forzada. Hay algo en sus gestos, cuando se pone su manta y el sombrero, cuando acomoda su bolso, que revela reverencia y orgullo.
La cultura kallawaya se caracteriza por una relación íntima con la naturaleza, con la tierra. Aquellos individuos que son llamados a ser sabios se convierten en médicos naturistas, pero en el Jathun Ayllu del que proviene Elisa, quien más quien menos, conoce las propiedades curativas de las plantas. El idioma tradicional de esta cultura es el machajuyai.
Sabiduría femenina
La colonización para los kallawayas empezó mucho antes de la Colonia española; por eso, en la vida cotidiana, los habitantes de Amarete hablan aymara o quechua y también castellano. El machajuyai se utiliza durante las ceremonias rituales y a la hora de curar algún mal o enfermedad.
“También es una forma de medicina, como una conexión. El machajuyai establece una relación con la Madre Tierra. Actualmente, las abuelas están usando este idioma porque tiene un poder en la relación con el cosmos”, explica Vega, quien cuenta que en tiempos antiguos las mujeres eran las principales depositarias del conocimiento de la medicina kallawaya. Los hombres, en cambio, cumplían la función de difundir la medicina; la llevaban a otros pueblos y comunidades.
“Pero quienes conocían todo acerca de las hierbas y plantas, la manera de reconocerlas y la forma en que se debía hacer la cosecha, eran las mujeres. No todas las plantas son medicinales. Generalmente se identifican como macho y hembra. Mayormente, las plantas hembra son las que sirven como medicina. Las mujeres se encargaban de la casa, del cuidado de los hijos y también de las plantas”, afirma Elisa.
Los kallawayas aprenden a relacionarse y a curarse con las plantas desde la niñez. “Mi tierra es un valle, estamos en medio de los cerros, de las cordilleras. Cuando uno tiene un resfrío, una cortadura, una herida o alguna infección, tiene que saber curarse. Uno busca una planta y se sana. Es un aprendizaje, porque no hay hospital ni doctor y cada uno es su propio médico. En el campo, a veces estás sola en la loma y tienes que saber qué hacer cuando tienes, por ejemplo, una luxación; cuidar tu salud es una necesidad”, explica.
Pero la medicina kallawaya no solamente se ocupa del cuerpo físico, sino también de las energías, del ajayu y de presencias que no se ven.
“Vivimos en un lugar sagrado, de plantas que son sagradas, y en este espacio se manejan las energías. Uno tiene que sanar su cuerpo y también su espíritu. Una vez que uno se accidenta y se asusta tienen que curarle su ajayu y su cuerpo”, afirma y menciona que la medicina de su pueblo también se ocupa de conflictos psicológicos como la depresión.
“En este caso es muy importante la música; los khantus, que son melodías terapéuticas. Cada región tiene su propio tono y, si se hacen las combinaciones correctas, se encuentra la sanación del estrés o de algunos problemas psicológicos”, asegura esta mujer kallawaya.
El llamado de la naturaleza
No cualquiera puede aspirar a ser un sabio o sabia kallawaya.
La premisa inicial es haber sido tocado por un rayo y haber sobrevivido, o traer una marca especial, por ejemplo un dedo más en la mano o en un pie o cualquier otra marca particular o distinta.
Elisa vino al mundo con una señal de la naturaleza. Aunque prefiere no mencionar qué tipo de marca es la suya, afirma que sí le dijeron que ella podría llegar a convertirse en sabia. Sin embargo, esa marca natural no es suficiente. Los médicos y sabios eligen a sus discípulos. “No es algo que uno va a pedir. Eso algo que se da y te buscan”, dice.
Elisa Vega estudió enfermería, pero la curación más sorprendente que vio fue en Amarete, cuando, hace años, su tío tuvo un accidente automovilístico. Su pueblo ha sido completamente olvidado durante centurias. Aun hoy, su economía se basa fundamentalmente en el trueque, el intercambio de productos.
Cuando su tío sufrió el accidente, “no había plata ni hospital ni nada”, recuerda. “Él tenía fractura expuesta, el hueso se estaba saliendo en astillas por todo lado. El hueso estaba en pedazos y yo pensé que nunca se iba a curar, que se iba a morir, pero mi abuela dijo que no. En ese tiempo teníamos muchas plantaciones de azucenas que se usan para ciertos tipos de fiestas y algunos bailes. Mi abuela fue a traer azucenas y las molió junto con otras plantas y después trajo unos palos y amarró la pierna de mi tío. La pierna se sanó rápido, uno cree que una fractura como ésa es para el quirófano y que no se puede sanar sin tornillos. Ese aprendizaje que tuve con mi abuela me ha enseñado mucho y me ha admirado mucho. Mi tío todavía está vivo y camina normalmente”, cuenta.
En 2003, la cultura kallawaya fue declarada Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la Unesco; el machajuyai está reconocido como idioma de una de las 36 naciones que existen en Bolivia. A partir de entonces, la nación kallawaya ha adquirido una mayor visibilidad, pero cuando Elisa era niña, Amarete estaba abandonada por el Estado.
Recuerdos para olvidar
“Cuéntame de tu infancia en Amarete”, le pido a Elisa.
“Estuve junto a mi familia hasta los siete años. Pero por la cantidad de hermanos que éramos y a causa de los problemas familiares que teníamos, fui entregada a una señora que tenía una hacienda, para trabajar. Vivíamos con poca comida y poca ropa. La discriminación era muy fuerte y también la violencia. Había una diferencia entre los hijos del patrón y los hijos de los indígenas. Pero todo eso también me ha servido como reflexión y para estudiar, pero también para empezar a organizar a mujeres y a los hermanos para reflexionar y visibilizar que no estábamos viviendo bien”, dice.
¿Y quién se quedó contigo, quién te cuidaba si sólo tenías siete años?, cuestiono. “¿Cuidarme?”, pregunta desconcertada. “Yo era una trabajadora ahí. Yo era la que cuidaba. Los hijos del patrón tenían una niñera. Sí había gente adulta, pero estaba para vigilarme y para hacer un seguimiento a mi trabajo, si estaba bien o mal hecho”, contesta. Pero, siendo tan pequeña, ¿nadie se ocupaba de que estés bien?, insisto y Elisa permanece callada. De repente murmura algo, pero después aprieta los labios y llora. “No quiero hablar”, dice. “Nadie me había preguntado por mi niñez, sí sobre mi liderazgo, pero no sobre mi niñez. Quería olvidar mi niñez”, afirma tras un largo silencio.
A pesar de todo lo vivido, Elisa no cree que la familia de la hacienda haya sido malvada. “Yo creo que no eran malos, era un rol que ellos desempeñaban que ha sido traído desde España. Para ellos éramos unos salvajes. Estaban cumpliendo algo que les han dejado sus antepasados, sus abuelos. Yo creo que no es culpa de ellos, sino que han heredado una mentalidad”, agrega.
Milagrosa cajita de tiza
Cuando Elisa tenía diez años, su familia volvió a la hacienda para buscarla. “Han recapacitado, ellos me han buscado”, dice.
Al principio estaba enojada. “¿Por qué no me han matado cuando he nacido?”, les reprochó. Pero una vez en su pueblo todo cambió. Había una escuela que sus hermanos visitaban y a ella le encantó la idea de aprender a leer y a escribir. Empezó a organizarse en un centro de estudiantes desde el cual exigía que los profesores trabajaran con seriedad.
“La mía era una comunidad muy abandonada y empezamos a cuestionar. Los profesores hacían lo que querían, a veces se perdían semanas y no había quién reclame y ahí empecé a hacer una organización de estudiantes y presentábamos propuestas. La educación era muy atrasada; la mayoría tenía entre 18 y 22 años en secundaria”, cuenta.
Más tarde, algunas alumnas que ya sabían leer y escribir se propusieron ayudar a otras mujeres jóvenes que no podían estudiar porque debían atender a sus familias. “Un día hubo un festival en el colegio que organizó mi municipio; nosotras bailamos una danza originaria y ganamos unas cajitas de tiza y una pizarra. Ahí empezamos a hacer una escuela en la casa de mi papá para las mujeres que no habían podido ir al colegio para aprender”, rememora. Alguna gente de la comunidad no veía con buenos ojos las actividades de Elisa, pensaba que las mujeres no debían estudiar. Pero esta vez su familia le brindó todo su apoyo.
Con el tiempo, Elisa se hizo parte de la organización de las “Bartolinas” y empezó a convertirse en líder. Hoy viste sus ropas tradicionales porque para ella es importante mostrar quién es y de dónde viene.
Contra el patriarcado
Uno de los actuales desafíos de Elisa Vega es buscar alternativas a la educación patriarcal y machista que reciben los jóvenes en instituciones educativas y, sobre todo, durante el servicio militar.
“En el servicio militar es donde más existe esa formación machista y patriarcal y ellos han ido replicando eso contra las mujeres y se sigue reproduciendo. Hay que cambiar mucho”, sostiene.
En la noche, mucho después de la entrevista, recibo una llamada.
“Habla Elisa”, dice la voz al otro lado del teléfono.
“He estado revisando algunos documentos y he leído que los medios de comunicación suelen poner a las mujeres como víctimas. Te pido que no me pongas como una víctima”, dice.
Le prometo que lo intentaré, pero que sí abordaré su niñez, porque tal vez alguien lea esta nota mientras un niño de ocho años le lustra los zapatos o recoge la taza donde acaba tomar el café de la mañana. Y porque dentro de 20 años quiero hacerle una entrevista a ese niño y que no llore mientras hablamos.
He estado revisando algunos documentos y he leído que los medios de comunicación suelen poner a las mujeres como víctimas. Te pido que no me pongas como una víctima, dice.
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