Leyendas: En varios lugares del viejo mundo se encendían fogatas por diversos motivos.
Redacción La Prensa.- La tradición europea de encender fogatas en la víspera de San Juan nada tiene que ver con el homenaje que se rinde al Bautista, quien nació seis meses antes que Jesús y fue el primero en predicar los principios cristianos. Es, más bien, una tradición pagana.
Las leyendas del viejo mundo dan cuenta de que esa noche se celebraba el advenimiento del solsticio de verano en el hemisferio norte. El rito principal consistía en encender fogatas para dar más fuerza al sol, que, a partir de esa fecha, se debilitaba, pues la luz del día habría de durar menos hasta el solsticio de invierno.
Esta costumbre llegó al Nuevo Mundo después de la conquista, pues era muy practicada en España, Portugal, donde se encendían las fogueiras de São João, Noruega, donde la ceremonia se denomina Jonsok, Dinamarca, conocida como Sankthans, Suecia (Midsommar), Finlandia (Juhannus) y el Reino Unido (Midsummer).
Antes de la llegada de los españoles, el solsticio de invierno en el hemisferio era motivo para la celebración de un nuevo año, cuyo calendario constaba de 13 meses.
Los sacerdotes europeos lucharon para erradicar las tradiciones religiosas locales e impusieron sus creencias y dogmas. Así, asimilaron el Año Nuevo andino amazónico con la fiesta de San Juan, que, a su vez, es producto de un sincretismo entre las viejas prácticas precristianas de Europa y la prédica de Jesús.
LA RELACIÓN CON UNA LEYENDA. Así, en España, la noche de San Juan tiene directa relación con la antiquísima leyenda de la Encantada, una joven que aparece repentinamente esa noche mientras se peina la larga cabellera con un peine de oro.
En otros países europeos, se creía que esa noche las brujas se reunían en aquelarres y para espantarlas era necesario encender grandes fogatas, como en Irlanda y, en general, en todo el Reino Unido.
Sin embargo, en aquellos lugares en los que esta celebración se relaciona con la festividad de San Juan, el 24 de junio de cada año, y no con la efeméride astronómica del solsticio de verano, que se produce entre el 20 y el 21 de junio, existe una disputa sobre cuál es la auténtica noche destinada al encendido tradicional de las fogatas.
Sin embargo, en el curso de los últimos años ha surgido una corriente ecologista que busca evitar el encendido de las hogueras para evitar causar daños al medio ambiente.
LA FIESTA EN LA REGIÓN IBEROAMERICANA. La noche se San Juan se celebra prácticamente en todo el continente iberoamericano, en cumplimiento de las prácticas traídas a esta parte del mundo por los conquistadores españoles y portugueses cuya acción dio paso al sincretismo cultural con elementos indígenas e incluso africanos.
Además, se produce el fenómeno de que en aquellos territorios en los que la población de origen europeo es mayoritaria, los rituales se asemejan más a los de Europa y la influencia de las tradiciones autóctonas es mucho menor.
Este fenómeno tiene mayor incidencia en Norteamérica, Canadá y en algunas ciudades de Brasil, Argentina y Chile.
La tradición en Bolivia
Tradicionalmente, en Bolivia, las familias y los grupos de amigos se reunían en torno a fogatas en las que, durante la noche del 23 al 24 de junio, atizaban cosas viejas de madera, paja, papel y, en general, productos inflamables. Este acto implicaba deshacerse de lo viejo y lo malo para dar paso a lo nuevo. Así se renovaba lo material y lo espiritual, a modo de comenzar un nuevo año.
La costumbre popular señala que ésa es la noche más fría del año, motivo por el que se encendían las fogatas y se consumían platos calientes y se bebía té con té, ponche, sucumbé o “leche de tigre”.
Sin embargo, en los últimos años, se procura cambiar la costumbre por el de preparar, en la noche de San Juan, hotdogs para comerlos en familia y evitar causar daños al medio ambiente, aunque no por ello se dejó de consumir las bebidas alcohólicas.
La leyenda de la Encantada dio lugar a la celebración
Hace siglos, una princesa árabe se enamoró de un príncipe cristiano, lo que provocó las iras de su padre, el rey, que la maldijo a vivir por siempre encantada, presa en un castillo, dentro del monte del Cabezo Soler, al lado del río Segura, en el camino que lleva a Guardamar.
Todos los años, y sólo en la noche de San Juan, la Encantada baja al río en busca de quien la libere. Todos los hombres del pueblo temen encontrarla, porque los que lo han intentado, sin conseguirlo, han muerto de una forma horrible.
Si algún hombre valiente se encuentra con ella, la Encantada le pedirá esa noche mágica que la lleve en brazos hasta el río para bañar sus cansados pies, y que sólo eso rompa el maleficio. Pero para el hombre que la lleva, la Encantada se hace cada vez más y más pesada, miles de monstruos y pesadillas salen a su encuentro, y entonces el pobre incauto cae desfallecido y ésta vuelve a su castillo.
Dicen en el pueblo que la paz sólo podrá venir al mundo cuando haya alguien lleno de verdadera valentía que pueda liberar a la Encantada de la maldición. Para invocar esta liberación todas las noches de San Juan, la gente salta sobre hogueras.
Por si acaso, por la noche, todos evitan el camino que acompaña el río en brumas. Todos cuentan historias de que hay quien la ha visto en la vereda del río y que la Encantada adopta distintas formas. Otros la vieron aparecer por una escuela, y hay quien asegura que la vio vendiendo flores en un mercadillo.
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miércoles, 22 de junio de 2011
Tiwanaku, epicentro religioso
Cada 21 de junio, desde muy temprano, cuando el alba está clareando y aun no ha brillado el primer rayo de sol, un grupo de amautas (especie de sacerdotes) se reúne con sus objetos ceremoniales en el Templete de Kalasasaya, en Tiwanaku, y realizan libaciones, sahumerios y sacrificios de llamitas inmaculadas, mientras esperan a que los rayos del sol pasen por la Puerta del Sol, ubicada en el mismo Templete, que da comienzo oficial a un nuevo ciclo agrícola, pues la medición del tiempo que ellos tienen es diferente al occidental, que conocemos, de 12 meses y 4 estaciones.
Ellos tienen dos formas de dividir su tiempo: Una, un año solar dividido en dos periodos: Solsticio de Verano (diciembre-enero), y Solsticio de Invierno (junio-julio). Es precisamente el 21 de junio en que acaba el segundo periodo, y con él, termina el año solar y comienza otro.
La segunda forma que tienen de dividir su calendario, por así llamarlo, es en tres estaciones (Pachas), subdivididas en otras tantas, y basadas en el ciclo del clima, pero esto ya corresponde a otra temática.
Ellos tienen dos formas de dividir su tiempo: Una, un año solar dividido en dos periodos: Solsticio de Verano (diciembre-enero), y Solsticio de Invierno (junio-julio). Es precisamente el 21 de junio en que acaba el segundo periodo, y con él, termina el año solar y comienza otro.
La segunda forma que tienen de dividir su calendario, por así llamarlo, es en tres estaciones (Pachas), subdivididas en otras tantas, y basadas en el ciclo del clima, pero esto ya corresponde a otra temática.
martes, 21 de junio de 2011
Con motivo del Año Nuevo andino amazónico se piden bienaventuranzas y maldiciones
Tradición: Desde el 21 de junio, los creyentes piden por el bienestar y por que a algunos les vaya mal.
Cada 21 de junio, la cultura aymara, y también la amazónica, celebra el advenimiento de un año nuevo. Es el comienzo de un nuevo ciclo agrícola, que es propicio para pedir bendiciones y, también, maldiciones para otros.
Justina Mamani, de la Asociación de Amautas del Faro de Murillo, afirma que esta festividad “tiene gran importancia porque le pedimos a nuestro Willka Kuti que en el año que viene nuestra vida tenga salud y buena producción en el trabajo. Los ritos son importantes para que se confirme este pedido”.
El ministro de Comunicación, Iván Canelas, asegura que esta celebración “es importante porque tiene que ver con nuestra cultura, creencias y costumbres. Respetamos lo que se haga en el ámbito religioso y en otros lugares del país. No veo contradicción de celebrarlo y si consideran que es un tema cultural o ancestral turístico, están en su derecho”.
LUGARES ESPECIALES. Algunos caminos, cerros con formas especiales, el templete semisubterráneo de Miraflores, la Muela del Diablo, el Huayna Potosí, la apacheta de Huayllatapampa y el mirador de Jach’a Kollo, e incluso la Nina Paqa Pata de la avenida Panorámica, cerca de las antenas de Canal 7, son los lugares sagrados para celebrar la ceremonia en honor al Tata Inti.
El amauta Alberto Tito dice que “esta espera al Inti es una rotación completa que hizo la Chakana en el tiempo y que obedeció al calendario agrícola, por el que los aymaras nos orientamos y sabemos qué época del año se acerca, si estamos listos para sembrar o para cosechar”.
A partir de esta época “se pide bendiciones u otras cosas a la Pachamama, y los amautas o la bendicen o libran de esos males que se preparan”, sostiene el amauta Miguel Huarachi.
Rocksticio, sin financiamiento
Este año, a diferencia de otros, la representación de la Defensoría del Pueblo de la ciudad de El Alto, no podrá organizar el acostumbrado “rocksticio” por falta de financiamiento.
El representante Especial de la Defensoría en esa ciudad, José Luis Hidalgo, sostuvo que “en 2010, año de cambios de autoridades, brindamos continuidad a este festival, pero ahora no tenemos presupuesto y no podremos cubrir los gastos para organizarlo”.
Indicó también que si el próximo año se reanuda la actividad, “tendrá una nueva perspectiva que pueda visibilizar los derechos humanos que favorecen a los jóvenes aymaras”.
Es una pausa necesaria, dijo Hidalgo, “porque hay que tomar en cuenta que fueron planteados nuevos derechos de los jóvenes y que están constitucionalizados, y reanudaremos la actividad para fortalecer y difundir nuevas propuestas, incluso desde sus actores”.
Con las “mesas” se piden bendiciones
Las “mesas” son un conjunto de objetos a los cuales, a través de una ceremonia, los amautas atribuyen la capacidad de bendecir o maldecir a la persona o familia para la que está destinada su preparación. Éstas se hacen con incienso, ch’alla y hojas de coca previamente acullicadas.
Cerca del Faro de Murillo de El Alto, en una larga hilera, están asentadas casitas de plásticos.
Allí, los amautas leen la suerte y ofrecen bendiciones.
MESAS PARA LA SUERTE. Marcela Mamani se acerca a una de estas casas forradas con nailon azul. Ella dice que sabe con quién hacerse bendecir para que en su negocio le vaya bien. Cualquiera no puede hacerlo, yo sé quién me lee y bendice con suerte. Vendo verdura y entre las comerciantes nos tenemos malos deseos, y como hoy es Año Nuevo, quiero saber cómo me irá el año que viene en mi negocio. Además, mi hija está un poco mal de salud y quiero pedir al yatiri que le cure su ánimo”. Si la gente se entera de los rituales que practica Mamani, para ella “no está bien, porque si ellos saben que vendo con éxito, dirán que mi negocio sólo funciona con bendiciones de los amautas y hasta me daría vergüenza que las k’ateras (vendedoras) se enteren de que me hago bendecir para vender mis verduras”.
MESAS DE MALA SUERTE. En la Autopista La Paz- El Alto hay una curva llamada del “diablo”, donde se hacen rituales para que las personas preparen mesas de ch’alla para bendiciones, pero también por maldiciones.
El barrendero que todos los días pasa por este lugar, Enrique Paye, dice que los sábados son los días en los que tiene más trabajo.
“Aquí encuentro de todo, la gente pasa toda la madrugada. Para estar bien cómodos, traen mesas, sillas y hasta colchones. Sobre la roca con figura de diablo y alrededores se prenden velas y echan coca, flores y objetos raros como ollas viejas, y queman ropa y zapatos”. De acuerdo con Paye, cada viernes por la noche, “la gente practica ritos que no son para pedir bendiciones, sino, al contrario, maldiciones”.
En cambio, los jueves, cuando sigue su rutina diaria, “lo que más recojo es azúcar y me imagino que eso es para pedir también al diablo cosas buenas”.
En esta parte de la ruta que conecta La Paz y El Alto, principalmente los viernes por la noche, hay gente que enciende fogatas, lleva cajas de cerveza y acullica.
Cifras importantes
5 bolivianos es lo que cuesta conocer la suerte de una persona a través de las hojas de coca. Ese monto sube si el pronóstico del futuro se efectúa por otros medios.
30 bolivianos es el monto que cobran por el armado de una mesa negra, para que una persona tenga mala suerte en su salud, amor y otros, la cual se prepara los viernes.
70 bolivianos cuesta una mesa blanca, que se prepara los jueves o sábado, días que son benditos para los amautas. Este rito es el que trae bienaventuranzas.
1.000 bolivianos es el ingreso semanal que una amauta obtiene por leer la suerte y hacer visitas a las casas para bendecirlas, además de curar el susto de las personas.
Diversidad de mesas
Blanca. Mesa ch’allada por los amautas y que desde junio sirve para pedir bienaventuranzas.
Negra. Son mesas para maldecir e desear la mala suerte al prójimo y también son hechas por amautas.
Amor. Son mesas ch’alladas para pedir una pareja a fin de concubinarse o casarse.
Salud. Algunas personas prefieren acudir a los amautas para curar algo “que el médico no sabe”.
Trabajo. Son peticiones de los creyentes a través de ch’allas para lograr una fuente laboral o mejorarla.
No todos los amautas saben del 5519
“El 21 vamos a hacer una wajt’a, una ofrenda a la tierra para esperar a nuestro Tata Inti, pero no sé qué año recibiremos. Eso es lo de menos, lo importante es que celebramos la vuelta completa de la Chakana, nuestra guía del año para que todos sepamos en qué época del año estamos, si es cosecha o siembra”.
Alberto Tito / Amauta de la Asociación 22 de Abril
“No sé qué año vamos a recibir el 21 de junio, pero lo que sí puedo decir es que a partir de este mes se hacen mesas blancas y negras. Pero, sobre todo, en este Año Nuevo, los aymaras pedimos favores para que la producción aumente en el campo y tengamos buenos frutos de la tierra, a la que se le hace la wajt’a”.
Miguel Huarachi / Amauta de la Asociación Faro de Murillo
“No importa qué año comenzará, lo importante es que somos aymaras y que incluso no es necesario ser hombre para ser amauta. Yo era comerciante y nunca me iba bien. Desde que comencé el trabajo de amauta, hace 10 años, supe que ésta era mi vocación. Además, he nacido de pie y una vez me llegó el rayo. Eso quiere decir que soy amauta”.
Justina Mamani / Amauta de la Asociación Faro de Murillo
“No sabría decir qué año celebraremos los aymaras, pero sé que en Tiwanaku la celebración es sagrada. De la Asociación de Amautas del Faro de Murillo irán a ese templete sagrado sólo dos personas que nos representan. Ellos son del directorio que ha sido elegido por las bases. Paulino Uturunku y Juana Cabrera nos representan”.
Julio Capcha / Amauta de la Asociación Faro de Murillo
Cada 21 de junio, la cultura aymara, y también la amazónica, celebra el advenimiento de un año nuevo. Es el comienzo de un nuevo ciclo agrícola, que es propicio para pedir bendiciones y, también, maldiciones para otros.
Justina Mamani, de la Asociación de Amautas del Faro de Murillo, afirma que esta festividad “tiene gran importancia porque le pedimos a nuestro Willka Kuti que en el año que viene nuestra vida tenga salud y buena producción en el trabajo. Los ritos son importantes para que se confirme este pedido”.
El ministro de Comunicación, Iván Canelas, asegura que esta celebración “es importante porque tiene que ver con nuestra cultura, creencias y costumbres. Respetamos lo que se haga en el ámbito religioso y en otros lugares del país. No veo contradicción de celebrarlo y si consideran que es un tema cultural o ancestral turístico, están en su derecho”.
LUGARES ESPECIALES. Algunos caminos, cerros con formas especiales, el templete semisubterráneo de Miraflores, la Muela del Diablo, el Huayna Potosí, la apacheta de Huayllatapampa y el mirador de Jach’a Kollo, e incluso la Nina Paqa Pata de la avenida Panorámica, cerca de las antenas de Canal 7, son los lugares sagrados para celebrar la ceremonia en honor al Tata Inti.
El amauta Alberto Tito dice que “esta espera al Inti es una rotación completa que hizo la Chakana en el tiempo y que obedeció al calendario agrícola, por el que los aymaras nos orientamos y sabemos qué época del año se acerca, si estamos listos para sembrar o para cosechar”.
A partir de esta época “se pide bendiciones u otras cosas a la Pachamama, y los amautas o la bendicen o libran de esos males que se preparan”, sostiene el amauta Miguel Huarachi.
Rocksticio, sin financiamiento
Este año, a diferencia de otros, la representación de la Defensoría del Pueblo de la ciudad de El Alto, no podrá organizar el acostumbrado “rocksticio” por falta de financiamiento.
El representante Especial de la Defensoría en esa ciudad, José Luis Hidalgo, sostuvo que “en 2010, año de cambios de autoridades, brindamos continuidad a este festival, pero ahora no tenemos presupuesto y no podremos cubrir los gastos para organizarlo”.
Indicó también que si el próximo año se reanuda la actividad, “tendrá una nueva perspectiva que pueda visibilizar los derechos humanos que favorecen a los jóvenes aymaras”.
Es una pausa necesaria, dijo Hidalgo, “porque hay que tomar en cuenta que fueron planteados nuevos derechos de los jóvenes y que están constitucionalizados, y reanudaremos la actividad para fortalecer y difundir nuevas propuestas, incluso desde sus actores”.
Con las “mesas” se piden bendiciones
Las “mesas” son un conjunto de objetos a los cuales, a través de una ceremonia, los amautas atribuyen la capacidad de bendecir o maldecir a la persona o familia para la que está destinada su preparación. Éstas se hacen con incienso, ch’alla y hojas de coca previamente acullicadas.
Cerca del Faro de Murillo de El Alto, en una larga hilera, están asentadas casitas de plásticos.
Allí, los amautas leen la suerte y ofrecen bendiciones.
MESAS PARA LA SUERTE. Marcela Mamani se acerca a una de estas casas forradas con nailon azul. Ella dice que sabe con quién hacerse bendecir para que en su negocio le vaya bien. Cualquiera no puede hacerlo, yo sé quién me lee y bendice con suerte. Vendo verdura y entre las comerciantes nos tenemos malos deseos, y como hoy es Año Nuevo, quiero saber cómo me irá el año que viene en mi negocio. Además, mi hija está un poco mal de salud y quiero pedir al yatiri que le cure su ánimo”. Si la gente se entera de los rituales que practica Mamani, para ella “no está bien, porque si ellos saben que vendo con éxito, dirán que mi negocio sólo funciona con bendiciones de los amautas y hasta me daría vergüenza que las k’ateras (vendedoras) se enteren de que me hago bendecir para vender mis verduras”.
MESAS DE MALA SUERTE. En la Autopista La Paz- El Alto hay una curva llamada del “diablo”, donde se hacen rituales para que las personas preparen mesas de ch’alla para bendiciones, pero también por maldiciones.
El barrendero que todos los días pasa por este lugar, Enrique Paye, dice que los sábados son los días en los que tiene más trabajo.
“Aquí encuentro de todo, la gente pasa toda la madrugada. Para estar bien cómodos, traen mesas, sillas y hasta colchones. Sobre la roca con figura de diablo y alrededores se prenden velas y echan coca, flores y objetos raros como ollas viejas, y queman ropa y zapatos”. De acuerdo con Paye, cada viernes por la noche, “la gente practica ritos que no son para pedir bendiciones, sino, al contrario, maldiciones”.
En cambio, los jueves, cuando sigue su rutina diaria, “lo que más recojo es azúcar y me imagino que eso es para pedir también al diablo cosas buenas”.
En esta parte de la ruta que conecta La Paz y El Alto, principalmente los viernes por la noche, hay gente que enciende fogatas, lleva cajas de cerveza y acullica.
Cifras importantes
5 bolivianos es lo que cuesta conocer la suerte de una persona a través de las hojas de coca. Ese monto sube si el pronóstico del futuro se efectúa por otros medios.
30 bolivianos es el monto que cobran por el armado de una mesa negra, para que una persona tenga mala suerte en su salud, amor y otros, la cual se prepara los viernes.
70 bolivianos cuesta una mesa blanca, que se prepara los jueves o sábado, días que son benditos para los amautas. Este rito es el que trae bienaventuranzas.
1.000 bolivianos es el ingreso semanal que una amauta obtiene por leer la suerte y hacer visitas a las casas para bendecirlas, además de curar el susto de las personas.
Diversidad de mesas
Blanca. Mesa ch’allada por los amautas y que desde junio sirve para pedir bienaventuranzas.
Negra. Son mesas para maldecir e desear la mala suerte al prójimo y también son hechas por amautas.
Amor. Son mesas ch’alladas para pedir una pareja a fin de concubinarse o casarse.
Salud. Algunas personas prefieren acudir a los amautas para curar algo “que el médico no sabe”.
Trabajo. Son peticiones de los creyentes a través de ch’allas para lograr una fuente laboral o mejorarla.
No todos los amautas saben del 5519
“El 21 vamos a hacer una wajt’a, una ofrenda a la tierra para esperar a nuestro Tata Inti, pero no sé qué año recibiremos. Eso es lo de menos, lo importante es que celebramos la vuelta completa de la Chakana, nuestra guía del año para que todos sepamos en qué época del año estamos, si es cosecha o siembra”.
Alberto Tito / Amauta de la Asociación 22 de Abril
“No sé qué año vamos a recibir el 21 de junio, pero lo que sí puedo decir es que a partir de este mes se hacen mesas blancas y negras. Pero, sobre todo, en este Año Nuevo, los aymaras pedimos favores para que la producción aumente en el campo y tengamos buenos frutos de la tierra, a la que se le hace la wajt’a”.
Miguel Huarachi / Amauta de la Asociación Faro de Murillo
“No importa qué año comenzará, lo importante es que somos aymaras y que incluso no es necesario ser hombre para ser amauta. Yo era comerciante y nunca me iba bien. Desde que comencé el trabajo de amauta, hace 10 años, supe que ésta era mi vocación. Además, he nacido de pie y una vez me llegó el rayo. Eso quiere decir que soy amauta”.
Justina Mamani / Amauta de la Asociación Faro de Murillo
“No sabría decir qué año celebraremos los aymaras, pero sé que en Tiwanaku la celebración es sagrada. De la Asociación de Amautas del Faro de Murillo irán a ese templete sagrado sólo dos personas que nos representan. Ellos son del directorio que ha sido elegido por las bases. Paulino Uturunku y Juana Cabrera nos representan”.
Julio Capcha / Amauta de la Asociación Faro de Murillo
Rituales del Intiwatana
Intiwatana, de acuerdo a Iván Paricagua, es una celebración ritual de carácter ancestral y comunitaria, que tiene por objeto entrar en armonía entre la fuerza del "Tata Inti Illka"–el sol, deidad sagrada– y la comunidad, en directa relación con los usos y costumbres de cada región vinculados a los solsticios y los equinoccios.
El Intiwatana se realiza en los lugares sagrados o wakas, que se constituyen en centros de concentración energética y de contacto con los ancestros que cuidan de la comunidad.
Según Paricagua, luego de la preparación noche antes del Intiwatana, una vez llegado al lugar, los ceremoniantes ritualistas yachachej o maestros solicitan permiso al lugar para poder ofrendar la encomienda a los ancestros, al Tata Inti Willka, y todos los achachilas. Luego se continúa con el preparado de la ofrendaque puede ser con wilancha o sacrificio de sangre, para lo cual se utiliza una llama.
Los elementos utilizados en la ofrenda son de origen mineral, vegetal y animal acompañado con una variedad de inciensos o esencias aromáticas como la q’oa, coca, flores, misterios, dulces y otros.
El Intiwatana se realiza en los lugares sagrados o wakas, que se constituyen en centros de concentración energética y de contacto con los ancestros que cuidan de la comunidad.
Según Paricagua, luego de la preparación noche antes del Intiwatana, una vez llegado al lugar, los ceremoniantes ritualistas yachachej o maestros solicitan permiso al lugar para poder ofrendar la encomienda a los ancestros, al Tata Inti Willka, y todos los achachilas. Luego se continúa con el preparado de la ofrendaque puede ser con wilancha o sacrificio de sangre, para lo cual se utiliza una llama.
Los elementos utilizados en la ofrenda son de origen mineral, vegetal y animal acompañado con una variedad de inciensos o esencias aromáticas como la q’oa, coca, flores, misterios, dulces y otros.
Año Nuevo Andino, viejo calendario en tiempos modernos
El 21 de junio va ganando terreno. Hasta hace unos años, era sólo una fecha más dentro del calendario gregoriano con su accidente astronómico del solsticio.
En Bolivia es feriado por decreto del 17 de junio de 2009 del presidente Evo Morales. La designación de Año Nuevo Aymara, inicialmente, y año nuevo andino, posteriormente, se fue ampliando hasta convertirse también hace un par de años en el “Año Nuevo Andino Amazónico”. Por si fuera poco, los que defienden este calendario ya le asignan un año concreto: 5.519, un número simbólico en afán de reivindicar las culturas prehispánicas.
El antropólogo Wilfredo Camacho García, quien expuso hace unos días un seminario sobre este tema, explica que el solsticio tiene directa relación con el inicio de un nuevo ciclo andino en prácticamente todas las culturas andinas precolombinas, que tenían esta fecha como punto de partida para volver a comenzar el proceso de la siembra.
El calendario tiene más de 5.000 años, desde la cultura Tiwanakota. El templo de Kalasasaya expone 13 atalayas que muestran el número de meses en que esa civilización dividía el año, y que en conjunto daban 364 días. El último día del año era dedicado al sol.
Además, cuando los primeros rayos de sol hayan atravesado la puerta del sol el 21 de junio, habrá comenzado el “Willka Kuti” o retorno del sol.
Este mismo esquema fue adoptado después por las culturas kolla y quechua. En el caso de los incas en Perú, dice Yañez Vega que los dos festivales primordiales eran el Kapaj-Raymi (fiesta del Gran Poder) y el Inti Raymi.
Fue el intelectual peruano Carlos Milla Villegas, quien asignó al calendario andino los años que actualmente conocemos, y aunque estén basados en estudios, los mismos defensores de esta corriente reconocen que el año preciso tiene sólo carácter simbólico.
Se toma en cuenta 5.000 años de las cuatro primeras eras que ya habrían transcurrido desde la cultura tiwanakota. Cada era está compuesta de mil años, por lo que la quinta era estaría en plena vigencia. Los 519 años corren desde el arribo de Cristóbal Colón al continente americano. Como se ve es una cifra redonda, imprecisa y arbitraria para los detractores, pero simbólica y reivindicativa para quienes la defienden.
Desde hace un par de años, se busca extender el término a los pueblos amazónicos, con la idea de que las culturas andinas extendieron este calendario hasta pueblos orientales, como Samaipata e Incallajta, a los que se los supone santuarios incaicos con sus calendarios, impuestos a pueblos guaraníes.
Oriente
Samaipata, sitio arqueológico utilizado ancestralmente como un lugar de encuentro espiritual, declarado además en 1998 como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco, es uno de los escenarios principales donde se celebra el solsticio.
Samaipata, Tiwanaku, Cobija, Tarabuco, Sabaya, Illimani, Inkallajta, Uchumachi, Pasto grande, Pampa Aullagas, Challapata, Uyuni, Chulumani, Puerto Acosta, Cotagaita, Guanay, Caranavi, Huatajata, Suriki, Desaguadero, Betanzos, Villazón, San Lucas y Pocoata figuran entre los sitios rituales más conocidos en el país.
AÑO 5.519
Es una cifra simbólica, propuesta por antropólogos, basada en el hecho de que pasaron 5.000 años del nacimiento de la cultura tiwanakota, mientras que los otros 519 años se cuentan desde la llegada de Colón a América.
En Bolivia es feriado por decreto del 17 de junio de 2009 del presidente Evo Morales. La designación de Año Nuevo Aymara, inicialmente, y año nuevo andino, posteriormente, se fue ampliando hasta convertirse también hace un par de años en el “Año Nuevo Andino Amazónico”. Por si fuera poco, los que defienden este calendario ya le asignan un año concreto: 5.519, un número simbólico en afán de reivindicar las culturas prehispánicas.
El antropólogo Wilfredo Camacho García, quien expuso hace unos días un seminario sobre este tema, explica que el solsticio tiene directa relación con el inicio de un nuevo ciclo andino en prácticamente todas las culturas andinas precolombinas, que tenían esta fecha como punto de partida para volver a comenzar el proceso de la siembra.
El calendario tiene más de 5.000 años, desde la cultura Tiwanakota. El templo de Kalasasaya expone 13 atalayas que muestran el número de meses en que esa civilización dividía el año, y que en conjunto daban 364 días. El último día del año era dedicado al sol.
Además, cuando los primeros rayos de sol hayan atravesado la puerta del sol el 21 de junio, habrá comenzado el “Willka Kuti” o retorno del sol.
Este mismo esquema fue adoptado después por las culturas kolla y quechua. En el caso de los incas en Perú, dice Yañez Vega que los dos festivales primordiales eran el Kapaj-Raymi (fiesta del Gran Poder) y el Inti Raymi.
Fue el intelectual peruano Carlos Milla Villegas, quien asignó al calendario andino los años que actualmente conocemos, y aunque estén basados en estudios, los mismos defensores de esta corriente reconocen que el año preciso tiene sólo carácter simbólico.
Se toma en cuenta 5.000 años de las cuatro primeras eras que ya habrían transcurrido desde la cultura tiwanakota. Cada era está compuesta de mil años, por lo que la quinta era estaría en plena vigencia. Los 519 años corren desde el arribo de Cristóbal Colón al continente americano. Como se ve es una cifra redonda, imprecisa y arbitraria para los detractores, pero simbólica y reivindicativa para quienes la defienden.
Desde hace un par de años, se busca extender el término a los pueblos amazónicos, con la idea de que las culturas andinas extendieron este calendario hasta pueblos orientales, como Samaipata e Incallajta, a los que se los supone santuarios incaicos con sus calendarios, impuestos a pueblos guaraníes.
Oriente
Samaipata, sitio arqueológico utilizado ancestralmente como un lugar de encuentro espiritual, declarado además en 1998 como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco, es uno de los escenarios principales donde se celebra el solsticio.
Samaipata, Tiwanaku, Cobija, Tarabuco, Sabaya, Illimani, Inkallajta, Uchumachi, Pasto grande, Pampa Aullagas, Challapata, Uyuni, Chulumani, Puerto Acosta, Cotagaita, Guanay, Caranavi, Huatajata, Suriki, Desaguadero, Betanzos, Villazón, San Lucas y Pocoata figuran entre los sitios rituales más conocidos en el país.
AÑO 5.519
Es una cifra simbólica, propuesta por antropólogos, basada en el hecho de que pasaron 5.000 años del nacimiento de la cultura tiwanakota, mientras que los otros 519 años se cuentan desde la llegada de Colón a América.
El “Inti Raymi” energiza el inicio del ciclo agrícola
El Inti Raymi (Fiesta del Sol) se ha convertido en una celebración que hoy mueve a miles de personas en torno a más de 80 ceremonias en diferentes centros rituales del país.
Existen muchos denominativos y fundamentaciones en torno al ritual del 21 de junio, considerado el Año Nuevo Andino, pero todas confluyen en que es una día para la energización de la naturaleza y las personas con los rayos del sol. El investigador Damián Gutiérrez resalta la importancia de los rituales al sol, fuertemente ligados a la producción agrícola.
“El rito es el comienzo para andar, es un tiempo de energización para entrar a un ritmo de actividad y armonizarnos con la naturaleza”, explica a tiempo de señalar que, por ejemplo, en “el volteo” (volteo de los terrones de tierra expuestos al sol antes de la siembra) la tierra se nutre de las energías del sol que permiten asegurar una buena producción. Esta energización a la tierra, se realiza también en las personas.
“Es por eso que extendemos nuestras palmas al sol; la izquierda recibe y la derecha da”, señala el investigador Hugo Cordero refiriéndose a la práctica donde las personas extienden las manos hacia el sol cuando se reciben sus primeros rayos el 21 de junio.
En la cosmovisión andina el Inti (sol) es considerado el principio dinámico de la existencia; el que otorga la fuerza y energía tanto para la vida física como para la vida espiritual, según la investigadora, Esther Balboa.
El año nuevo andino, el 21 de junio, coincide con el equinoccio de invierno, que en la cosmovisión andina es el inicio de un nuevo ciclo agrícola en torno al cual gira la vida de las comunidades, asegura el investigador y docente universitario, Hugo Zenteno.
“Nuestro año nuevo está justo a la mitad del calendario occidental porque estamos diametralmente opuestos al norte con seis meses”, dice.
En el incario, el desarrollo de la astronomía y el estudio de las estrellas, la luna y todas las constelaciones fueron vitales para su desarrollo. “
De todas las estrellas, se consideraba como la estrella mayor al Sol: Pacha Inti”, señala Balboa.
EL SOL Desde el Centro de Culturas Andinas Inti Watana Ayllu, consideran que el Inti (sol) es el símbolo de todas las energías cósmicas que sostienen, garantizan y perpetúan la vida. Y el Pacha (tierra), es concebido como el espacio y el tiempo sagrado.
“El sol, nos da una energía extraordinaria, que nos llena de fortaleza, sabiduría, armonía y energía”, expresa el ritualista, Gerardo Zurita.
Varios escritos en torno a los rituales del 21 de junio señalan que astronómicamente en esta fecha se atraviesa la posición más extrema del Sol en su recorrido, con relación a la Tierra. Por esta explicación, el 21 de junio era considerado el día más corto del año, por lo que los habitantes del Tawantinsuyo “ataban” al sol con rituales y ofrendas para que no desaparezca sino que vuelva a reinar en el día. Su permanencia durante los 5.519 años que se realiza este ritual, impulsó al Gobierno a declarar el 21 de junio Feriado nacional.
"Este decreto refleja el espíritu de descolonización que más allá de la voluntad expresa el Gobierno", dijo el entonces ministro de Culturas, Pablo Groux.
Santuarios ceremoniales.
80 en todo el país
El fuerte de Samaipata, Tiawanaku, Kuruyuki, Illampu, Cobija, Isla Incahuasi, Roca Sagrada de los Chimanes, Tarabuco, Konko Wankani, Sabaya, Illimani (Ánimas), Oukara la Ciudad de Piedras, Qaqaqi Huayna Potosí, Inkallajta, Sajama, Pachjiri, Uchumachi, Ch’alla Pampa, Isla del Sol, Samaipata, Pasto Grande, La Cumbre, Pampa Aullagas, La Víbora, Rurrenabaque, San Ramón, Las Mercedes, Corque, Cerro Qurik’ancha, Ch’allapata, Chipaya, Quillakas, Uncía, Uyuni, Betanzos, Villazón, San Lucas, Pocoata, Cotagaita, Guanay, Caranavi, Chulumi, Quiabaya, Puerto Acosta, Huatajata, Suruki, Desaguadero, Sullkawi, Ayo Ayo, Riberalta, Guayaramerín, Yotala, Presto, Azurduy, Padilla, San Pedro, Zudáñez, Cuesta de Sama, San Lorenzo, Villamontes, Entre Ríos, Yacuiba, Caraparí, Sacaba, Tiraque, Villa Tunari, Shinahota, Puerto Villarroel, Inkarrakay, Monte Sanai, Tiquipaya, San Javier, Concepción, Santa Rosa de La Roca, San Ignacio de Velasco, San Julián, San José Chiquitos, Porongo, Thunupa, Charazani-Curva, Callapa-Pampahasi, y Horca del Inca.
Existen muchos denominativos y fundamentaciones en torno al ritual del 21 de junio, considerado el Año Nuevo Andino, pero todas confluyen en que es una día para la energización de la naturaleza y las personas con los rayos del sol. El investigador Damián Gutiérrez resalta la importancia de los rituales al sol, fuertemente ligados a la producción agrícola.
“El rito es el comienzo para andar, es un tiempo de energización para entrar a un ritmo de actividad y armonizarnos con la naturaleza”, explica a tiempo de señalar que, por ejemplo, en “el volteo” (volteo de los terrones de tierra expuestos al sol antes de la siembra) la tierra se nutre de las energías del sol que permiten asegurar una buena producción. Esta energización a la tierra, se realiza también en las personas.
“Es por eso que extendemos nuestras palmas al sol; la izquierda recibe y la derecha da”, señala el investigador Hugo Cordero refiriéndose a la práctica donde las personas extienden las manos hacia el sol cuando se reciben sus primeros rayos el 21 de junio.
En la cosmovisión andina el Inti (sol) es considerado el principio dinámico de la existencia; el que otorga la fuerza y energía tanto para la vida física como para la vida espiritual, según la investigadora, Esther Balboa.
El año nuevo andino, el 21 de junio, coincide con el equinoccio de invierno, que en la cosmovisión andina es el inicio de un nuevo ciclo agrícola en torno al cual gira la vida de las comunidades, asegura el investigador y docente universitario, Hugo Zenteno.
“Nuestro año nuevo está justo a la mitad del calendario occidental porque estamos diametralmente opuestos al norte con seis meses”, dice.
En el incario, el desarrollo de la astronomía y el estudio de las estrellas, la luna y todas las constelaciones fueron vitales para su desarrollo. “
De todas las estrellas, se consideraba como la estrella mayor al Sol: Pacha Inti”, señala Balboa.
EL SOL Desde el Centro de Culturas Andinas Inti Watana Ayllu, consideran que el Inti (sol) es el símbolo de todas las energías cósmicas que sostienen, garantizan y perpetúan la vida. Y el Pacha (tierra), es concebido como el espacio y el tiempo sagrado.
“El sol, nos da una energía extraordinaria, que nos llena de fortaleza, sabiduría, armonía y energía”, expresa el ritualista, Gerardo Zurita.
Varios escritos en torno a los rituales del 21 de junio señalan que astronómicamente en esta fecha se atraviesa la posición más extrema del Sol en su recorrido, con relación a la Tierra. Por esta explicación, el 21 de junio era considerado el día más corto del año, por lo que los habitantes del Tawantinsuyo “ataban” al sol con rituales y ofrendas para que no desaparezca sino que vuelva a reinar en el día. Su permanencia durante los 5.519 años que se realiza este ritual, impulsó al Gobierno a declarar el 21 de junio Feriado nacional.
"Este decreto refleja el espíritu de descolonización que más allá de la voluntad expresa el Gobierno", dijo el entonces ministro de Culturas, Pablo Groux.
Santuarios ceremoniales.
80 en todo el país
El fuerte de Samaipata, Tiawanaku, Kuruyuki, Illampu, Cobija, Isla Incahuasi, Roca Sagrada de los Chimanes, Tarabuco, Konko Wankani, Sabaya, Illimani (Ánimas), Oukara la Ciudad de Piedras, Qaqaqi Huayna Potosí, Inkallajta, Sajama, Pachjiri, Uchumachi, Ch’alla Pampa, Isla del Sol, Samaipata, Pasto Grande, La Cumbre, Pampa Aullagas, La Víbora, Rurrenabaque, San Ramón, Las Mercedes, Corque, Cerro Qurik’ancha, Ch’allapata, Chipaya, Quillakas, Uncía, Uyuni, Betanzos, Villazón, San Lucas, Pocoata, Cotagaita, Guanay, Caranavi, Chulumi, Quiabaya, Puerto Acosta, Huatajata, Suruki, Desaguadero, Sullkawi, Ayo Ayo, Riberalta, Guayaramerín, Yotala, Presto, Azurduy, Padilla, San Pedro, Zudáñez, Cuesta de Sama, San Lorenzo, Villamontes, Entre Ríos, Yacuiba, Caraparí, Sacaba, Tiraque, Villa Tunari, Shinahota, Puerto Villarroel, Inkarrakay, Monte Sanai, Tiquipaya, San Javier, Concepción, Santa Rosa de La Roca, San Ignacio de Velasco, San Julián, San José Chiquitos, Porongo, Thunupa, Charazani-Curva, Callapa-Pampahasi, y Horca del Inca.
Celebran solsticio en ocho municipios de Chuquisaca
En al menos unos ocho municipios de Chuquisaca se organizaron rituales especiales para recibir el Año Nuevo Andino Amazónico. El principal, en Tarabuco, en Jumbate, a donde acudió el gobernador del Departamento, Esteban Urquizu, y representantes del Ministerio de la Presidencia, según los anuncios que se hicieron conocer ayer, en la Gobernación.
El Año Nuevo Andino Amazónico en Chuquisaca fue “institucionalizado” con la celebración que se preparó para este año en Chuquisaca, para el recibimiento del año 5519, la madrugada de hoy, en los municipios de Sucre, Tarabuco, Presto, Yotala, Padilla, Zudáñez, San Lucas y Azurduy, según el programa preparado por la Gobernación.
El Gobernador recibió en persona el solsticio de invierno en Jumbate, junto con representantes del Ministerio de la Presidencia.
Para tener presencia en los otros siete municipios, envió a sus secretarios, por separado, para que se encarguen de organizar el recibimiento del año 5519. A Yotala envió a gente de la Secretaría de Economía y Finanzas, y el Gobierno, a la del Viceministerio de Industria y Comercio; a Presto, fue gente de la Secretaría General, y por parte del Gobierno, gente del Viceministerio de Comercio Interno y Exportaciones. La Secretaría de Obras Públicas hará presencia en Azurduy, junto con el Viceministerio de Transporte. En Padilla, estará la Secretaría de Hidrocarburos, acompañada del Viceministerio de Telecomunicaciones, y en la zona de San Pedro, Sucre, la Secretaría de Desarrollo Humano y Social, junto con el Viceministerio de Vivienda y Urbanismo, según los anuncios que se hicieron ayer.
La alcaldesa interina de Sucre, Verónica Berríos, recibió el Año Andino Amazónico en la zona de Lajastambo, donde esperó los primeros rayos del sol, según anunciaron ayer desde la Dirección de Comunicación de la Alcaldía. También hubo otro ritual similar organizado por la Alcaldía en Maragua.
EL GOBIERNO
Desde La Paz, el ministro de Comunicación, Iván Canelas, aseguró que la celebración del Año Nuevo Andino Amazónico no se contradice con las creencias religiosas porque se enmarca en la práctica de la cultura ancestral de la población boliviana.
"Es un acto muy importante que se realizará y que tiene que ver con nuestra cultura, nuestras creencias y nuestras costumbres", argumentó en conferencia de prensa dictada en Palacio de Gobierno, al señalar que tampoco se opone a la condición laica del Estado.
El presidente Evo Morales, el vicepresidente Álvaro García Linera, además de los ministros, se desplazaron a algunos de los 80 sitios rituales del país para recibir los primeros rayos del sol del Año Nuevo Andino Amazónico.
El Año Nuevo Andino Amazónico en Chuquisaca fue “institucionalizado” con la celebración que se preparó para este año en Chuquisaca, para el recibimiento del año 5519, la madrugada de hoy, en los municipios de Sucre, Tarabuco, Presto, Yotala, Padilla, Zudáñez, San Lucas y Azurduy, según el programa preparado por la Gobernación.
El Gobernador recibió en persona el solsticio de invierno en Jumbate, junto con representantes del Ministerio de la Presidencia.
Para tener presencia en los otros siete municipios, envió a sus secretarios, por separado, para que se encarguen de organizar el recibimiento del año 5519. A Yotala envió a gente de la Secretaría de Economía y Finanzas, y el Gobierno, a la del Viceministerio de Industria y Comercio; a Presto, fue gente de la Secretaría General, y por parte del Gobierno, gente del Viceministerio de Comercio Interno y Exportaciones. La Secretaría de Obras Públicas hará presencia en Azurduy, junto con el Viceministerio de Transporte. En Padilla, estará la Secretaría de Hidrocarburos, acompañada del Viceministerio de Telecomunicaciones, y en la zona de San Pedro, Sucre, la Secretaría de Desarrollo Humano y Social, junto con el Viceministerio de Vivienda y Urbanismo, según los anuncios que se hicieron ayer.
La alcaldesa interina de Sucre, Verónica Berríos, recibió el Año Andino Amazónico en la zona de Lajastambo, donde esperó los primeros rayos del sol, según anunciaron ayer desde la Dirección de Comunicación de la Alcaldía. También hubo otro ritual similar organizado por la Alcaldía en Maragua.
EL GOBIERNO
Desde La Paz, el ministro de Comunicación, Iván Canelas, aseguró que la celebración del Año Nuevo Andino Amazónico no se contradice con las creencias religiosas porque se enmarca en la práctica de la cultura ancestral de la población boliviana.
"Es un acto muy importante que se realizará y que tiene que ver con nuestra cultura, nuestras creencias y nuestras costumbres", argumentó en conferencia de prensa dictada en Palacio de Gobierno, al señalar que tampoco se opone a la condición laica del Estado.
El presidente Evo Morales, el vicepresidente Álvaro García Linera, además de los ministros, se desplazaron a algunos de los 80 sitios rituales del país para recibir los primeros rayos del sol del Año Nuevo Andino Amazónico.
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