Luego de varios días de negociaciones, ayer la Gobernación cruceña firmó aquí, en Ascensión, el denominado Pacto de gobernabilidad departamental con la Central de Organizaciones de Pueblos Nativos Guarayos (Copnag).
El gobernador Rubén Costas suscribió el documento.
Luego del acuerdo se puso énfasis en que el pacto va más allá de lo político, porque está orientado a hacer viables proyectos en bien de la región. De esta manera se compromete el voto del asambleísta indígena guarayo por usos y costumbres, Wilson Añez, para respaldar a sus pares de la agrupación Verdes y así hacer mayoría en la Asamblea Legislativa Departamental.
La firma se realizó en la misma sede de la Copnag, en la cual estuvieron presentes representantes de la seis subcentrales que conforman la referida organización indígena, algunos directores de la Gobernación y los asambleístas de Verdes, José Mari Sandoval y Escluco Salas.
“Este pacto no es nuevo ni es novedad, siempre ha existido la alianza con los pueblos indígenas, más aún con Guarayos al que tengo un aprecio especial porque por mis venas corre sangre guaraya”, dijo Costas, que inició su intervención saludando en lengua nativa, (aburabé opacatú).
El presidente de la Copnag, Eladio Uraeza, mencionó que con la firma de este pacto la entidad que preside sigue siendo la misma, despojada de todo color político, con la única filosofía de la búsqueda del desarrollo.
Temas
- Afrobolivianos
- Araucanos
- Aymaras
- Ayoreos
- CHIMANES
- CHIPAYAS
- CHIQUITANOS
- COSTUMBRES
- Derechos
- FERIAS
- Foros
- Guaraníes
- Guarayos
- Guatemala
- Idiomas
- Lecos
- MUSICA
- Mapuches
- Maya
- Mexico
- Mojeños
- Mosetones
- Mujeres
- NAVAJOS
- PUQUINA
- Quechuas
- Rituales Andinos
- TIPNIS
- Tacanas
- Tribus
- URU
- Weenhayek
- Yampara
- Yuqui
- Yuracarés
Buscador
domingo, 24 de julio de 2011
viernes, 22 de julio de 2011
Pueblos guaraníes reconocen avances de compromiso social
A un año del compromiso que asumió el presidente del Estado Evo Morales con los indígenas de la Asamblea del Pueblo Guaraní (APG) se evaluaron ayer los avances del cumplimiento de la agenda social, en temas de salud, educación, tierra y autonomías, principalmente.
“Las conclusiones a las que llegamos son las de confirmar el compromiso de seguir trabajando, tanto el Gobierno nacional, como la APG. (...) Se tiene un buen avance de la agenda programática que tiene el pueblo guaraní”, señaló el presidente de la APG, Celso Padilla.
El presidente Evo Morales, el ministro de la Presidencia, Carlos Romero y el viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales, César Navarro, recibieron ayer en Palacio a una delegación de dirigentes de la APG, con quienes evaluaron el trabajo desarrollado. Padilla explicó que el Ejecutivo, a través de los ministerios de Autonomía, Educación, Salud, Producción, Agua, Hidrocarburos y entidades como el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), logró “avances parciales”, pero importantes.
“De repente son avances parciales, porque la dinámica del trabajo con la APG apenas alcanza un año. Anteriormente no se ha tenido un trabajo de esta forma”, comentó. El dirigente resaltó el trabajo que se realizó en los tres departamentos donde está asentada la población guaraní, como Santa Cruz, Chuquisaca y Tarija.
Resaltó el hecho de haber “trabajado directamente con las organizaciones que tienen alguna dificultad en lo que es el tema de salud, educación, tierra y territorio, y el proceso de autonomía indígena que estamos llevando adelante”, señaló.
Explicó que los pueblos guaraníes llevan un proceso de autonomía indígena en los municipios de Charagua (Santa Cruz) y Huacaya (Chuquisaca). “Ya está en etapa de conclusión la elaboración de los estatutos autonómicos que posteriormente se someterán a un referendo”, sostuvo.
En otras regiones, explicó que se trabaja con las cartas orgánicas por la autonomía regional, añadió.
Padilla también ratificó la voluntad de trabajar con los municipios y las gobernaciones.
Por su parte, el ministro Romero comentó que los “guaraníes sienten que su organización es una de las que tiene una agenda programática de la más completa con el Gobierno nacional y que ésta se ha trabajado en base al diálogo y la coordinación”.
DETALLES DE LA REUNIÓN
Proceso: La reunión identificó en proceso aspectos como la implementación en el saneamiento de tierras, agua, etc.
Destacan: La APG destacó la presencia permanente de las autoridades del Ejecutivo para tratar de manera directa los temas que atingen a las demandas.
Cumplimiento: Las demandas de tierra, desarrollo rural, autonomía, educación tienen buen avance en las metas.
Estrategia: El Ejecutivo explicó que la evaluación “demuestra que la relación con las organizaciones sociales es programática en función a las necesidades”.
“No queremos injerencia política”
El presidente de la Asamblea del Pueblo Guaraní, Celso Padilla, rechazó la injerencia política a la que se pueden prestar las demandas de los pueblos.
“Queremos construir, de una buena forma, para que este proceso (de cambio) siga adelante (...), no queremos que en nuestro medio haya injerencias políticas”, señaló.
Sobre la marcha anunciada por los Pueblos Indígenas del Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis), el 2 de agosto cuestionando un tramo de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, Padilla pidió al Gobierno establecer un diálogo para debatir y poner propuestas en mesa que permitan acuerdos.
jueves, 21 de julio de 2011
Ayllus disidentes anuncian voto nulo en Cochabamba
Los Ayllus del departamento de Cochabamba, miembros del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasusyu (CONAMAQ), anunciaron que votar nulo en las elecciones judiciales porque no cuentan con representantes indígenas para esos comicios a realizarse el 16 de octubre próximo.
La determinación fue tomada en el Segundo Foro de los Ayllus de esa región, informó su representante, Faustino Challapa, quien cuestionó que el Movimiento Al Socialismos (MAS) eligiera sólo a sus representantes y no tomará en cuenta a los indígenas.
“Respecto a las elecciones judiciales, vamos a ir por el voto nulo, porque sabemos que los masistas han elegido a sus bases y eso no es democracia para nosotros. De los ayllus originarios no hay ningún representante para nosotros”, puntualizó.
La semana pasada la Asamblea Legislativa eligió a 118 candidatos para las elecciones de octubre. Fueron seleccionados 28 candidatos al Tribunal Constitucional (14 mujeres y 14 varones), 28 candidatos al Tribunal Agroambiental (14 mujeres y 14 varones), 14 al Consejo de la Magistratura (7 varones y 7 mujeres) y 48 al Tribunal Supremo de Justicia (24 mujeres y 24 varones).
Sin embargo, el Movimiento Sin Miedo (MSM) denunció que se obvió la participación de postulantes indígenas para las elecciones de fin de año.
La determinación fue tomada en el Segundo Foro de los Ayllus de esa región, informó su representante, Faustino Challapa, quien cuestionó que el Movimiento Al Socialismos (MAS) eligiera sólo a sus representantes y no tomará en cuenta a los indígenas.
“Respecto a las elecciones judiciales, vamos a ir por el voto nulo, porque sabemos que los masistas han elegido a sus bases y eso no es democracia para nosotros. De los ayllus originarios no hay ningún representante para nosotros”, puntualizó.
La semana pasada la Asamblea Legislativa eligió a 118 candidatos para las elecciones de octubre. Fueron seleccionados 28 candidatos al Tribunal Constitucional (14 mujeres y 14 varones), 28 candidatos al Tribunal Agroambiental (14 mujeres y 14 varones), 14 al Consejo de la Magistratura (7 varones y 7 mujeres) y 48 al Tribunal Supremo de Justicia (24 mujeres y 24 varones).
Sin embargo, el Movimiento Sin Miedo (MSM) denunció que se obvió la participación de postulantes indígenas para las elecciones de fin de año.
miércoles, 20 de julio de 2011
Villamil de Rada sostuvo que el aymara es la lengua de Adán. Adelanto de un ensayo sobre tan extraordinario asunto
¿Quién era este Emeterio Villamil de Rada? Algo creo haber leído u oído, pero, pa’ su verdá, como dicen los cambas, no me acuerdo bien…
—No se sabe mucho sobre él, mejor dicho, yo no sé mucho– continué, mientras buscaba el azúcar. Creo que aún nadie le ha dedicado una biografía más o menos exhaustiva. Quizá en internet hay ahora más datos sobre su vida y obra, habría que ver, pero, lo que conozco es poco. Desde ya, los datos más difundidos y conocidos están en los prólogos al libro, sobre todo, en el de Nicolás Acosta quien, por su parte, fue periodista y bibliógrafo, y se habría animado a publicar La lengua de Adán para no sólo dar a conocer la obra sino, también, para motivar a todos los que tendrían otros manuscritos, para que, de una vez por todas, también los publiquen o hagan publicar. Todo indica, además, que Acosta trabajó con el manuscrito original, tal la primera nota del editor al libro: ahí, Acosta advierte que los puntos suspensivos del epígrafe corresponden, en realidad, a un fragmento ilegible porque fue devorado por las ratas. Hay que tener el manuscrito a mano para hacer esa precisión. En su prólogo, hasta hay un breve retrato de don Emeterio como hombre maduro. A ver. Aquí está. Dice Acosta:
“Mas alto que bajo de estatura; de cuerpo un poco encorvado; hombros salientes; cuello largo; cabeza bien formada; ojos grandes y pardos y siendo uno de ellos algo plateado por una lijera nube. Cejas espesas y un poco arqueadas. Frente protuberante, ancha y algo calva. Nariz gruesa, larga y abultada en su nacimiento; mejillas descarnadas; cara larga y barba espesa, que la afeitaba constantemente”.
Era de un conjunto respetable e imponente.
José me pidió el libro y se lo pasé. Después de echarle una mirada, observó: “Se lee ‘mas’ en vez de ‘más’ y, también, ‘lijera’ en vez de ‘ligera’” —dijo indicando esas palabras; luego, preguntó: ¿Era así en su época?
—Probablemente esté siguiendo las propuestas ortográficas de Andrés Bello o, también, puede ser una errata. Ésta no es la edición original, creo que es la segunda, de 1972. Como sea, le da un sabor propio, ¿no?, antiguo, se diría. El prólogo de Acosta es de 1888, más exactamente, del “16 de julio de 1888”, el día del aniversario de La Paz, algo apropiado, por otra parte, para Villamil de Rada, quien era paceño y nació “en Sorata el 3 de mayo de 1804”. Aunque no se sabe mucho sobre él, Villamil de Rada, repito, es una figura muy sugerente. Un trotamundos que no podía estar quieto y que era capaz de aprender en un tris tras todos los idiomas que encontraba a su paso. “Debemos hacer constar”, destaca Acosta antes de retratarle, “que conocía con perfección veintidós idiomas y unos diez o doce medianamente”. “Hiperpolíglotas” se denomina a este tipo de superdotados o eruditos que manejan sin mayores problemas hasta decenas de idiomas. Él los aprendió, claro, en sus inagotables viajes, sobre todo, cuando vivió en Europa desde 1826 hasta 1833, afincado en Londres, pero, por lo que se sabe, también cruzando a menudo el Canal de La Mancha y viajando por todo el continente europeo, con largas estadías en otras ciudades, como en Venecia, Florencia, Milán, Roma, París, Atenas y hasta algunas ciudades de Suecia. Ya por su libro, por una alusión a un tal “venerable Mezzofante”, uno de los pocos aymaristas con los que habría charlado sobre el tema, también habría vuelto una vez más a Europa, en 1841 y radicado, más precisamente, en Roma, hasta 1842. Y, así, pues, fue en esas largas estadías y viajes, donde estudió y aprendió los idiomas clásicos y modernos que luego utilizará no sólo para escribir su obra, sino también para ganarse la vida, primero como profesor universitario de literatura en La Paz, allá por 1834-1835, y, luego, como periodista, en torno a 1850, en San Francisco. Seguro que, a la larga, su facilidad con los idiomas le llevó a investigar sus orígenes. De ahí este libro, el único manuscrito que se salvó del fuego entre muchos otros trabajos suyos que se perdieron en el incendio del Palacio Quemado en 1875 –Acosta los enumera en su prólogo y habla hasta de “16 a 18 volúmenes”– y que ahora sólo se conocen por el título. Aunque, quién sabe, por ahí, queda alguna copia de algunos de esos otros volúmenes.
Ante la indiferencia local, en los 1870, Villamil de Rada habría buscado otros mecenas en el Brasil. Acosta menciona al “Emperador don Pedro II, filólogo de primer orden”, quien no sólo se interesó por “los trabajos de Villamil” sino, también, los recomendó “a sus amigos”. Cita un par de cartas al respecto: una del “Barón de Río Frío” (06.11.1874) y otra del “Barón de Ponte Riveiro, Ministro Diplomático del Brasil en el Perú” (22.07.1873), en las que éstos reaccionan favorablemente ante su lectura y, en cierta forma, recomiendan su posible publicación, previo un más minucioso estudio. Quizá, los manuscritos que leyeron estos señores —copias, seguramente, de los que luego ardieron en el Palacio Quemado— no se han perdido del todo y, por ahí, entonces, parte de su obra, por lo menos, estaría disponible, aunque escondida, en algún esquivo archivo del Brasil, a la espera de un experto bibliógrafo o historiador que los recupere. Quizá. Ojalá.
BÚSQUEDA. Acosta también esperaba que, por ahí, surja la obra más extensa y detallada contenida en tales manuscritos, ya que, La lengua de Adán es sólo, según el propio Villamil de Rada, una primera aproximación al tema. Pero, por otro lado, eso de buscar el origen del lenguaje era algo ya muy frecuente en su época; todos los filólogos andaban buscando o inventando eso, “la lengua de Adán”, o sea, el idioma original del que descienden todos los demás. Para don Emeterio, ese idioma original no era otro que el aymara o “aymará”, como él escribe, el que no sólo habría permanecido impoluto en los Andes sino, además, según él, habría migrado hacia todo el planeta. De hecho, él asume ese tipo de investigaciones genealógicas y, al principio del libro, propone su descubrimiento del aymara como una alternativa a las teorías filológicas existentes, que para él resultan débiles e incoherentes porque no habrían contado con una lengua incontaminada que les sirva de guía. No habían trabajado con la semilla, diría él, que dio lugar al árbol del lenguaje y sus innumerables ramas. Hecha su propuesta, hasta da plazos a los posibles interesados para que, si pueden, contradigan sus afirmaciones; caso contrario, asumía, todo se podría explicar desde el aymara.
Por aquel entonces, las explicaciones históricas y la teoría de la evolución estaban de moda y la filología no se había quedado atrás. Desde mediados del siglo XVIII, examinando todos los documentos habidos y por haber, los filólogos iban hacia atrás intentando llegar hasta los idiomas más antiguos, a ver si, examinando las constantes y variaciones, lograban encontrar o, simplemente, proponer cuál y cómo habría sido el idioma que dio origen a todos los demás. Obviamente, tenían algunos atajos bastante seguros, con bastantes documentos, como, por ejemplo, el de los idiomas modernos derivados del latín, tipo el castellano o el francés o el rumano, entre tantos otros, cuya progresión documental no era tan difícil de seguir.
Don Emeterio aprovecha esas investigaciones, que le permiten comparar idiomas de muchas partes del mundo y, notablemente, de muy distintas épocas, pero, como él cree que el aymara lo contiene todo desde siempre, se cuida sus espaldas y, claro, rechaza explícita y radicalmente la teoría de la evolución. En su libro, hace una caricatura muy sarcástica de “los adeptos en historia natural y zoológica”, “la comparsa de Darwin, o la antropología simianesca, de infección hoy tan pestífera y prevalente” y, como desafío, añade que si éstos “insinuaren insidiosamente, que bien pudo, siendo hijo del mono, haber compuesto el hombre esa lengua”, entonces, mejor, cederle la palabra al aymara, lengua que “soberbia” proclama su nombradía: “Emanación de la Suprema Razón, soy la encarnación verboferente. No tuve infancia así como no tengo decrepitud. Soy la lógica en enunciación, un todo íntegro y completo”. Etcétera y sigue un párrafo casi lírico sobre su unidad, fecundidad, eternidad y pureza. Aquí y allá, hasta se atreve a darle un trasfondo “metafísico”.
ESTRUCTURA. Desde su perspectiva, tenía toda la razón al rechazar esa forma de explicación evolutiva: si realmente la lengua aymara es divina –y humanamente– eterna, claro, ¿cómo podría ser fruto de una evolución que, además, suponía, en los términos que utiliza, una reprochable descendencia “simiesca”, “zoológica”? En ese terreno, más allá de su casi mística y algunos malentendidos propios a su época, curiosamente, reitero, se parece un poco, pese a todo, a los estructuralistas del siglo XX. Como ellos, reconoce un código original, el aymara para él, la “Langue” para Saussure, la “Competence” para Chomsky, y, como ellos, asume que los idiomas son sólo manifestaciones de un código básico y universal. Como ejemplificaba Saussure, ese código básico, que porta las leyes del lenguaje, sería algo así como las reglas del ajedrez: unas pocas reglas que permiten realizar innumerables partidas… Para don Emeterio, eso sí, esas reglas básicas no son abstractas, son las que concretamente dicta y utiliza el aymara y, a partir de ahí, se habrían podido “jugar” todos los idiomas habidos y por haber. En cierta forma, como sospecha general, se habría adelantado a su época. Lo que lo distingue de los estructuralistas, a ese nivel general, es el campo de estudio. La lingüística estructural que ahora es, en cierta forma, la lingüística propiamente dicha, propuso eso del código básico y universal para poder explicar la inmensa pluralidad de los idiomas hablados, o sea, las manifestaciones orales del lenguaje. La genealogía o evolución de los idiomas no es su problema, lo que les interesa es saber qué leyes rigen la formación de tantísimos idiomas, antes, ahora y, seguro, más adelante.
En cambio, la filología clásica sólo se ocupaba básicamente de los lenguajes escritos. Su campo era, obviamente, mucho más limitado que el de la lingüística hablada, ya que ahí sólo se podía estudiar los idiomas que contaban con documentos escritos, muchos de ellos —tal el griego y el latín clásicos— idiomas “muertos”, es decir, que ya nadie los hablaba “en vivo y en directo”. Hay miles de idiomas hablados cuyas genealogías o etimologías no se han podido establecer porque simplemente no dejaron memorias como las que se han conservado desde y gracias a la invención de la escritura. Desde el punto de vista evolutivo, esos filólogos no tenían otro camino. Sólo se podía seguir los pasos históricos y evolutivos a los idiomas que habían ido dejando testimonios (documentos) escritos a lo largo del tiempo. Dicho sea de paso, de aquí a unos siglos o tal vez menos, se podrá hacer oralmente lo que esos filólogos hicieron con los documentos escritos, y, esta vez, se podrá estudiar la evolución de los idiomas hablados gracias a las grabaciones que, desde la invención del fonógrafo, han permitido conservar lo que podría llamarse la “memoria oral” de los seres humanos. La de materiales que va a haber con todo lo que las computadoras y sus discos pueden almacenar. Ya se hacen algunas investigaciones lingüísticas con ese tipo de nuevos materiales, como el estudio del surgimiento de los idiomas “criollos”, “mestizos”, tipo el “spanglish”.
SÁNSCRITO. Pero, volviendo al campo de los documentos escritos, ahí, por ejemplo, el descubrimiento del sánscrito llamado “clásico” en el siglo XVIII, idioma cuya escritura habría florecido en la India allá por los 2.000 años a.C. fue toda una lotería.
“Descubrimiento” es sólo un decir porque, antes del XVIII ya se sabía del sánscrito, pero no se le dio ninguna especial importancia más allá de clasificarlo entre los idiomas orientales; pero, fue en el siglo XVIII en el que floreció su estudio, cuando, por un lado, se exploró mejor la India y se encontraron muchos más documentos y, por otro lado, porque empezó a arraigarse el problema de explicar la evolución de los idiomas. Es en esa convergencia de nuevos documentos y una nueva perspectiva de investigación que se habla del “descubrimiento” del sánscrito. En torno a 1786, como se suele indicar con los trabajos pioneros de William Jones, fundador de la primera “Sociedad Asiática”, ya se postulaba que no sólo el griego y el latín clásicos eran parientes de ese idioma sino, además, que “detrás” del sánscrito tendría que haber otro idioma aún más primitivo para explicar bien todos esos parentescos. Jones, dicho sea de paso, alabó al sánscrito con términos muy parecidos a los que don Emeterio utiliza para subrayar la importancia del aymara. Porque esa escritura sistemática era la más antigua que se podía consultar para ver cómo habían ido cambiado los idiomas a lo largo del tiempo, porque era un conjunto de documentos coherente, no sólo unos restos de arcilla o unos cuantos papiros, como en otros casos, sino presente y palpable en numerosos libros y legajos, hasta con una gramática ya estudiada de por medio, la famosa de Panini [s. IV a.C.], el sánscrito fue, pues, una veta, una mina, riquísima para la filología evolutiva.
Ese descubrimiento fue, además, como una máquina del tiempo y también como una bisagra verbal porque, entre otros, permitió no sólo mirar hasta un muy lejano pasado sino, también, comparar los idiomas occidentales con los orientales, tanto que, a la larga, el idioma más primitivo que se pudo armar, deducir o inferir, el común antecesor de todos los idiomas occidentales y orientales, se denominó “ariano”, primero, luego, “indogermano”, cuando los alemanes se ocuparon del caso, y, después, más ampliamente, “indoeuropeo”. Don Emeterio, dicho sea de paso, los menciona, insistiendo que este posible ariano, indogermano o indoeuropeo, sánscrito incluido, es nomás, pese a su posible antigüedad, un idioma secundario, un simple heredero del aymara. Por ahí, al pasar, cuando habla al respecto, hay un guiño medio pícaro a Hegel, quien habría destacado que el griego y el sánscrito eran, aunque parientes, momentos muy distintos de la evolución del lenguaje. Qué diría Hegel, sugiere don Emeterio, si se hubiera enterado de que, detrás y antes de todo eso, antes de las ramas del árbol verbal, estaba su raíz, su semilla, el aymara. “Chau dialéctica evolutiva”, se podría decir. Don Emeterio, muy pícaramente modesto, no quiere sacar más consecuencias de la posibilidad de enseñarle algo nada más y nada menos que a Hegel...
Así, pues, volviendo al tema de la posible estructura perfecta del aymara, si bien don Emeterio se habría adelantado a su tiempo proponiendo un código básico y universal —su aymara como “la lengua de Adán”—, en general, su demostración todavía se mueve en el terreno filológico clásico, es decir, persiguiendo las manifestaciones escritas de los idiomas que trata, como cuando usa ejemplos de los documentos más antiguos, tratando de explicar su “evolución” como un proceso de permanentes deformaciones del original aymara. Y, así se entiende su propuesta de que el aymara haya sido literalmente “la lengua de Adán”, el origen de todos los idiomas. Ahí, entonces, por un lado, como los filólogos tradicionales, debía seguir los pasos a la historia y a la evolución de los idiomas, buscando un origen común para todos, pero, por otro lado, reconoce o propone un único código básico y universal. ¿Cómo juntar ambas cosas? ¿Cómo haces que haya descendientes de un origen fundamental sin que haya una evolución, en el sentido de etapas sucesivas de creciente perfección o complejidad?
Haces lo que hizo Aristóteles: postulas una especie de “primera causa” como origen de todos los “efectos” posteriores. Ahí, hay origen pero no evolución, sólo meras consecuencias ya contenidas en el origen, en la “primera causa”.
Consecuentemente, don Emeterio se apoya en La Biblia para indicar el origen de todo, sobre todo en el “Génesis” y, obviamente, sitúa a su código no en las capacidades del ADN humano, como Chomsky, o en las convenciones sociales, como propuso Saussure, sino directamente en el amanecer de los tiempos, en el Paraíso que, en su caso, está en Sorata...
En lo suyo hay, pues, una especie de conjunción teórica y operativa, una mezcla, una superposición de puntos de vista: la de una perspectiva histórico-evolutiva (origen y desarrollos fruto de ese origen) y otra más formal (código común y manifestaciones concretas). Y donde la “evolución”, en su caso, es sólo un proceso de expansión y difusión, que, en el camino, se aleja del original. Algo así.
Hijos del sol Su paradigma de nueva vida es el amor
“Todo nació por el deseo de devolver a la gente algo de todo lo que durante 30 años hemos recibido. Junto con Denisse, decidimos abrir las puertas de esta casa y convertirla en el lugar donde la gente pueda reunirse y crear un espacio de amor”, dice Carlos, uno de los fundadores del grupo en La Paz, al referirse a su esposa.
El grupo llamado Los Hijos del Sol está buscando trasladarse a vivir en comunidad en las cercanías del lago Titicaca. ¿Por qué?, preguntamos a la pareja con 30 años de matrimonio, establecida en una casa en la zona Sur, esta disposición a dejarlo todo en cualquier momento. “Lo que me mueve a vivir y crear una comunidad es haberme dado cuenta de que no soy yo sino que somos todos. No se puede hablar de uno cuando todos estamos conectados”, responde Denisse.
La pareja sabe que tiempos difíciles están por suceder en todo el planeta y que ya los vamos sintiendo poco a poco. “Hay que estar preparados”, advierte Denisse “pues es el nacimiento de una nueva era, la era del amor”. Si “seguimos al ritmo en el que vivimos, no vamos a poder ofrecer mucho a las nuevas generaciones que vienen”, añade Carlos. “¿De quién depende este cambio? ¿Vamos a esperar a que venga una empresa de gaseosas y nos venda jugo, o lo vamos a hacer nosotros mismos?”.
Denisse considera que es necesario volver a los orígenes y mirar al pasado, “pues el ser humano ha olvidado su cáscara humana y se ha convertido en una máquina”.
Ambos sueñan con poder mudarse algún día al lago Titicaca y poder formar allá la comunidad que están buscando.
“Cuando voy a ese lugar siento que vuelvo a casa; la gente, el paisaje, la comida, la filosofía, todo hace parte de mí”. La pareja dice que se ha construido una relación entre el grupo y la gente de la Isla del Sol, “por lo que creemos que la convivencia entre hermanos bolivianos y el mutuo aprendizaje es posible”, matiza Carlos.
Pero ni Carlos ni Denisse saben si este sueño vendrá pronto o tardará mucho, aunque ambos reconocen que los tiempos difíciles nos irán obligando a ver la vida de manera diferente. “Soñamos con tener un lugar donde la gente viva en amor, trabajando los unos para los otros, y donde el dinero no sea lo esencial sino las ganas de servir a los demás”, expresa Denisse. “Y sucede; cuando empiezas a evaluar tus necesidades en tu diario vivir, resulta que son mínimas”.
Por el momento, Los Hijos del Sol está integrado por gente de la ciudad de La Paz y Santa Cruz. Abre sus puertas a más personas que deseen ser parte y trabajar por la sanación del planeta y los seres humanos. “Hasta que nos llegue el momento de irnos todos a vivir en comunidad”.
Brújula
Si desea saber más sobre el trabajo del grupo, puede visitar la página web: www.fhisol.ning.com o escribir a Denisse Peyré: denukas@yahoo.com
El grupo llamado Los Hijos del Sol está buscando trasladarse a vivir en comunidad en las cercanías del lago Titicaca. ¿Por qué?, preguntamos a la pareja con 30 años de matrimonio, establecida en una casa en la zona Sur, esta disposición a dejarlo todo en cualquier momento. “Lo que me mueve a vivir y crear una comunidad es haberme dado cuenta de que no soy yo sino que somos todos. No se puede hablar de uno cuando todos estamos conectados”, responde Denisse.
La pareja sabe que tiempos difíciles están por suceder en todo el planeta y que ya los vamos sintiendo poco a poco. “Hay que estar preparados”, advierte Denisse “pues es el nacimiento de una nueva era, la era del amor”. Si “seguimos al ritmo en el que vivimos, no vamos a poder ofrecer mucho a las nuevas generaciones que vienen”, añade Carlos. “¿De quién depende este cambio? ¿Vamos a esperar a que venga una empresa de gaseosas y nos venda jugo, o lo vamos a hacer nosotros mismos?”.
Denisse considera que es necesario volver a los orígenes y mirar al pasado, “pues el ser humano ha olvidado su cáscara humana y se ha convertido en una máquina”.
Ambos sueñan con poder mudarse algún día al lago Titicaca y poder formar allá la comunidad que están buscando.
“Cuando voy a ese lugar siento que vuelvo a casa; la gente, el paisaje, la comida, la filosofía, todo hace parte de mí”. La pareja dice que se ha construido una relación entre el grupo y la gente de la Isla del Sol, “por lo que creemos que la convivencia entre hermanos bolivianos y el mutuo aprendizaje es posible”, matiza Carlos.
Pero ni Carlos ni Denisse saben si este sueño vendrá pronto o tardará mucho, aunque ambos reconocen que los tiempos difíciles nos irán obligando a ver la vida de manera diferente. “Soñamos con tener un lugar donde la gente viva en amor, trabajando los unos para los otros, y donde el dinero no sea lo esencial sino las ganas de servir a los demás”, expresa Denisse. “Y sucede; cuando empiezas a evaluar tus necesidades en tu diario vivir, resulta que son mínimas”.
Por el momento, Los Hijos del Sol está integrado por gente de la ciudad de La Paz y Santa Cruz. Abre sus puertas a más personas que deseen ser parte y trabajar por la sanación del planeta y los seres humanos. “Hasta que nos llegue el momento de irnos todos a vivir en comunidad”.
Brújula
Si desea saber más sobre el trabajo del grupo, puede visitar la página web: www.fhisol.ning.com o escribir a Denisse Peyré: denukas@yahoo.com
EN EL INICIO DEL PACHAKUTI
El proceso político que vive Bolivia sigue siendo objeto de atención académica fuera del país. Junto con los estudios que centran su atención en la coyuntura política y social que llevó al poder a Evo Morales el 2006, están aquellos que tienen un horizonte más profundo e inscriben ese acontecimiento político en una dimensión histórica de larga data. Éste es el caso del libro que acaba de publicar la editorial Akal de Madrid en su colección Pensamiento Crítico: Bolivia en el inicio del Pachakuti, una compilación de estudios realizada por el sociólogo boliviano Esteban Ticona Alejo sobre La larga lucha anticolonial de los pueblos aimara y quechua, como reza el subtítulo del volumen.
Cinco estudios integran el libro: La historia aimara de Roberto Choque Canqui; De Túpac Katari a Evo Morales: Política indígena en los Andes de Silvia Rivera Cusicanqui; El Thakhi entre los aimara y los quechua o la democracia de los gobiernos comunales y El ‘racismo intelectual’ en el Pachakuti. Algunas consideraciones simbólicas del ascenso de Evo Morales a la Presidencia de Bolivia, ambos de Esteban Ticona Alejo. El volumen se cierra con El pensamiento amaútico, un fragmento del libro El hombre que Fausto Reinaga publicó en 1981.
“No es un libro coyuntural”, explica Esteban Ticona, “se trata más bien de explicar el proceso que se está viviendo en Bolivia desde una dimensión histórica. Al público no boliviano le interesa mucho saber de manera precisa la experiencia histórica, las luchas políticas y las propuestas del pueblo aymara y quechua”.
Estudios. En esa perspectiva, el texto de Roberto Choque Canqui es una sintética historia de los aymaras desde la ‘prehistoria andina’ y sirve como una introducción al tema general del libro. En su estudio sobre el Thakhi, por su parte, Ticona esboza los alcances de una práctica concreta de lo que podría considerarse la “democracia comunitaria”. Es un aporte empírico a un tema que, pese a su reconocimiento constitucional, no ha encontrado todavía sustento institucional en el nuevo Estado. En su otro estudio, Ticona documenta las manifestaciones del ‘racismo intelectual’ tanto en Bolivia como fuera del país ante la llegada al poder del “primer presidente indígena”. Es un asombroso muestrario del “estupor de los siglos”. Por ejemplo, sobre la visita del presidente Morales al rey de España vistiendo su célebre chompa, se publicaron opiniones que hoy, a muy pocos años del hecho, difícilmente tendrían cabida en los medios de comunicación. Manfredo Kempff, por ejemplo, escribió: “Sobre los formalismos necesarios, sería muy bueno aconsejarle al Mandatario que se vista como la gente y no como un vulgar sindicatero”. Y un periodista usualmente lúcido como el difunto Jorge Canelas, no se inhibió de calificar a las ideas del Presidente como “monsergas originarias” y a su estilo como la “falta de sentido que no sea la tergiversación, la falta de discernimiento, la torpeza de la mente y del espíritu”.
Finalmente, la inclusión de El pensamiento amaútico de Reinaga se justifica, según Ticona, porque “varias de las ideas que hoy se discuten, como el vivir bien, ya fueron planteadas por él, aunque bajo otra denominación; en este caso de su categoría de pensamiento amaútico. Este texto me parece absolutamenre actual”.
Política. El estudio de Silvia Rivera Cusicanqui, De Túpac Katari a Evo Morales. Política indígena en los Andes, no sólo es el más extenso del libro, sino también el que mayores alcances históricos y políticos tiene. En un extremo del arco temporal que traza en su ensayo, el de la rebelión de Túpac Katari, Rivera discute ampliamente las consideraciones políticas de este hecho a la luz de los nuevos aportes históricos, como los de los estudios sobre el ciclo rebelde de 1781 de Sinclair Thompson. El eje articulador de su visión es la política, y con esa mirada recorre también las luchas indígenas del siglo XX hasta llegar a las movilizaciones que desde el 2000 abrieron un proceso que llevó a Evo Morales al poder. En este punto, el análisis del gobierno de Morales que hace Rivera es agudamente crítico por lo que la autora llama “la rearticulación de la mediación mestizo-criolla” que se habría dado a la tarea, desde la administración del Estado, “de neutralizar y encuadrar ese proceso tan explosivo, original y polifacético de las movilizaciones indígenas y populares”.
Bolivia en el inicio del Pachakuti es un libro polifacético que permite interpretar el presente a la luz del largo proceso de las luchas anticoloniales de los pueblos indígenas de los Andes.
Cinco estudios integran el libro: La historia aimara de Roberto Choque Canqui; De Túpac Katari a Evo Morales: Política indígena en los Andes de Silvia Rivera Cusicanqui; El Thakhi entre los aimara y los quechua o la democracia de los gobiernos comunales y El ‘racismo intelectual’ en el Pachakuti. Algunas consideraciones simbólicas del ascenso de Evo Morales a la Presidencia de Bolivia, ambos de Esteban Ticona Alejo. El volumen se cierra con El pensamiento amaútico, un fragmento del libro El hombre que Fausto Reinaga publicó en 1981.
“No es un libro coyuntural”, explica Esteban Ticona, “se trata más bien de explicar el proceso que se está viviendo en Bolivia desde una dimensión histórica. Al público no boliviano le interesa mucho saber de manera precisa la experiencia histórica, las luchas políticas y las propuestas del pueblo aymara y quechua”.
Estudios. En esa perspectiva, el texto de Roberto Choque Canqui es una sintética historia de los aymaras desde la ‘prehistoria andina’ y sirve como una introducción al tema general del libro. En su estudio sobre el Thakhi, por su parte, Ticona esboza los alcances de una práctica concreta de lo que podría considerarse la “democracia comunitaria”. Es un aporte empírico a un tema que, pese a su reconocimiento constitucional, no ha encontrado todavía sustento institucional en el nuevo Estado. En su otro estudio, Ticona documenta las manifestaciones del ‘racismo intelectual’ tanto en Bolivia como fuera del país ante la llegada al poder del “primer presidente indígena”. Es un asombroso muestrario del “estupor de los siglos”. Por ejemplo, sobre la visita del presidente Morales al rey de España vistiendo su célebre chompa, se publicaron opiniones que hoy, a muy pocos años del hecho, difícilmente tendrían cabida en los medios de comunicación. Manfredo Kempff, por ejemplo, escribió: “Sobre los formalismos necesarios, sería muy bueno aconsejarle al Mandatario que se vista como la gente y no como un vulgar sindicatero”. Y un periodista usualmente lúcido como el difunto Jorge Canelas, no se inhibió de calificar a las ideas del Presidente como “monsergas originarias” y a su estilo como la “falta de sentido que no sea la tergiversación, la falta de discernimiento, la torpeza de la mente y del espíritu”.
Finalmente, la inclusión de El pensamiento amaútico de Reinaga se justifica, según Ticona, porque “varias de las ideas que hoy se discuten, como el vivir bien, ya fueron planteadas por él, aunque bajo otra denominación; en este caso de su categoría de pensamiento amaútico. Este texto me parece absolutamenre actual”.
Política. El estudio de Silvia Rivera Cusicanqui, De Túpac Katari a Evo Morales. Política indígena en los Andes, no sólo es el más extenso del libro, sino también el que mayores alcances históricos y políticos tiene. En un extremo del arco temporal que traza en su ensayo, el de la rebelión de Túpac Katari, Rivera discute ampliamente las consideraciones políticas de este hecho a la luz de los nuevos aportes históricos, como los de los estudios sobre el ciclo rebelde de 1781 de Sinclair Thompson. El eje articulador de su visión es la política, y con esa mirada recorre también las luchas indígenas del siglo XX hasta llegar a las movilizaciones que desde el 2000 abrieron un proceso que llevó a Evo Morales al poder. En este punto, el análisis del gobierno de Morales que hace Rivera es agudamente crítico por lo que la autora llama “la rearticulación de la mediación mestizo-criolla” que se habría dado a la tarea, desde la administración del Estado, “de neutralizar y encuadrar ese proceso tan explosivo, original y polifacético de las movilizaciones indígenas y populares”.
Bolivia en el inicio del Pachakuti es un libro polifacético que permite interpretar el presente a la luz del largo proceso de las luchas anticoloniales de los pueblos indígenas de los Andes.
Jóvenes del Tipnis piden respeto a sus costumbres
El representante de los jóvenes del Territorio Indígena y Parque Isiboro Sécure (Tipnis), Fermín Yugo, propuso ayer que el respeto a su hábitad natural y sus costumbres sean incluidos en el proyecto de Ley de Juventudes que fue elaborado por la Brigada Parlamentaria de Cochabamba y que en las próximas semanas ingresará a la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) para su debate.
El diputado Garabito Condori y la senadora Carmen Peredo explicaron el alcance de la ley a más de 100 jóvenes de distintas organizaciones y municipios que participaron en un taller que se realizó en el teatro Adela Zamudio de Cochabamba, pero también recogieron más aportes y sugerencias para “enriquecer” el documento.
“El aporte que estoy trayendo como indígena es que nos integren con nuestras costumbres y nos den nuestra liberad para cada uno”, dijo el representante de los jóvenes de la comunidad de Villa San Juan de Dios, Fermín Yugo.
Peredo aseguró que el encuentro tiene el objetivo de informar para enriquecer el documento de acuerdo a la vivencia y necesidad de cada adolescente, además dijo que el proyecto de ley está proponiendo una protección al derecho al trabajo, familia, participación, educación, entre otros.
El diputado Garabito Condori y la senadora Carmen Peredo explicaron el alcance de la ley a más de 100 jóvenes de distintas organizaciones y municipios que participaron en un taller que se realizó en el teatro Adela Zamudio de Cochabamba, pero también recogieron más aportes y sugerencias para “enriquecer” el documento.
“El aporte que estoy trayendo como indígena es que nos integren con nuestras costumbres y nos den nuestra liberad para cada uno”, dijo el representante de los jóvenes de la comunidad de Villa San Juan de Dios, Fermín Yugo.
Peredo aseguró que el encuentro tiene el objetivo de informar para enriquecer el documento de acuerdo a la vivencia y necesidad de cada adolescente, además dijo que el proyecto de ley está proponiendo una protección al derecho al trabajo, familia, participación, educación, entre otros.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)