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domingo, 23 de febrero de 2014

Guardianesde su lengua natal

Chamuxaume (saludo, en bésiro), dice Ignacio Tomichá al llegar. Puama (buenos días, en guaraní) afirma por su parte, Melffy Santiesteban. Sonríen y luego siguen la charla en castellano. De rato en rato, no pierden otra vez la oportunidad de hacer conocer más palabras de su lengua natal.

Ambos tienen algo en común. Emigraron a la ciudad de Santa Cruz y desde aquí han decidido convertirse en guardianes y difusores de la lengua del pueblo indígena que los vio nacer.
Y esa inquietud no la han dejado solo en palabras. Su preocupación ha ido aumentando luego de que un informe de la Unesco identificó al bésiro como una ‘lengua en peligro’ de desaparecer (es decir que solo es hablada por los adultos pero los niños ya no la aprenden en sus familias como lengua materna).

Asimismo la última edición del Atlas de las lenguas del mundo en peligro, publicada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), señala al guaraní como una ‘lengua vulnerable’ (o sea que la mayoría de los niños hablan la lengua, pero su uso puede estar restringido a determinados ámbitos como el hogar, por ejemplo).

Un chiquitano empeñado en salvar el bésiro
De las palabras a los hechos ha pasado Ignacio Tomichá Chuvé, un joven profesional chiquitano que se ha puesto la misión de no dejar morir su lengua nativa.
De ojos semirrasgados, estatura media y piel morena, cada vez que habla lo hace sonriendo y con gestos tan expresivos que logra transmitir el orgullo que asegura sentir por el lenguaje de sus ancestros.

Nació en Naranjito, una comunidad ubicada en el municipio de San Antonio de Lomerío (provincia Ñuflo de Chávez al noreste de Santa Cruz) que alberga a pobladores indígenas de la etnia monkox chiquitano.

Sin embargo, vivió la mayor parte de su infancia y juventud en la comunidad Monteverde y luego en Concepción donde estudió en colegios que impartían la enseñanza en castellano, mientras el uso del bésiro iba quedando cada vez más limitada al habla de los adultos en ciertos hogares.

Al terminar su etapa escolar y llegado el momento de decidir el nuevo rumbo de su vida, Ignacio comprendió que era necesario tomar acciones urgentes para evitar que el idioma de su pueblo desaparezca. Es así que decidió salir de su pueblo y venir a la ciudad para estudiar Ciencias de la Educación y Lingüística en la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (Uagrm), especializándose en la investigación del bésiro.

“Pese a ser chiquitano, aprendí el bésiro como segunda lengua cuando decidí venir a estudiar Lingüística aquí a la ciudad de Santa Cruz. En ese entonces tenía unos 20 años. Mis padres solo hablaban bésiro entre ellos y yo de niño no les entendía nada. En el colegio nos enseñaron todo en castellano”, relata.

Siguiendo los pasos de su padre se apasionó por la enseñanza y ahora se desempeña como profesor de bésiro en los cursos que ofrece el Centro de Investigación Histórica y Pueblos Indígenas dependiente de la Facultad de Ciencia Jurídicas, Políticas y Sociales de la Uagrm.

Solo siete personas se han capacitado hasta el momento en ese curso básico de seis meses que se impartió recientemente, pero este profesional confía en ir despertando poco a poco más interés por aprender el bésiro.

Motivado a seguir superándose, este chiquitano está cursando actualmente una maestría en Derecho Indígena y Desarrollo.
Actualmente Tomichá trabaja como técnico de la Unidad de Coordinación de Pueblos Indígenas e Interculturalidad en la Uagrm desde donde contribuye a la organización de los cursos de guaraní, bésiro, guarayo y quechua, que se imparten desde ese establecimiento universitario.





De las aulas al mundo digital
En su afán de promocionar el aprendizaje de la lengua de los chiquitanos entre los jóvenes de su propia cultura y otras personas interesadas, Ignacio Tomichá ha creado la página Monkox bésiro en Facebook donde diariamente va subiendo palabras y material audiovisual sobre ese idioma.

Hasta el momento ese sitio ya tiene 107 seguidores en la red social provenientes no solo de Bolivia sino también de otros países.
Su meta es lograr motivar una mayor interacción con sus seguidores a través de Internet .

Además de su sitio en Facebook este joven ha abierto también una cuenta en Twitter (@MonkoxBesiro) y mantiene contactos con instituciones relacionadas con la revalorización de lenguas de los pueblos indígenas.

Una realidad que preocupa
Ignacio lamenta que muchos chiquitanos no practiquen su idioma, sea por desconocimiento o porque su uso les causa temor o vergüenza. “Sobre todo muchos jóvenes temen que al hablar una lengua indígena van a ser discriminados, por eso evitan hacerlo. Yo mismo sentí eso cuando estuve en colegio y me sentí relegado en algunos grupos. Estoy convencido de que hablando su propia lengua uno muestra su propia identidad y se hace respetar”, dice.

Tomichá guarda esperanzas y cree que aún es tiempo de salvar el bésiro. No se rinde y cada vez que puede habla en su lengua natal. “Cuando viajo o voy a reuniones lo primero que hago es saludar y hablar un poco en bésiro. Al volver a mi pueblo, disfruté mucho de hablar y chistear con mi familia en el idioma de mi pueblo. Ya había más confianza”, señala.
Actualmente Ignacio vive en el barrio Vallecito 2, al norte de la ciudad junto a algunos de sus coterráneos. “Los fines de semana nos reunimos para hacer deporte. Y ahí también aprovecho para generar diálogos en nuestro idioma”.

Su mayor afición son las computadoras y crea su propio material audiovisual. También le gusta hacer ejercicios y de eso dan testimonios sus músculos. También se da tiempo para el amor y tiene a alguien en conquista.

Del pueblo guaraní a la capital cruceña
Con el mismo entusiasmo, Melffy Santiesteban Salces (40) impulsa la enseñanza del guaraní desde donde se encuentre. Apasionada por la docencia, esta mujer jovial de tez blanca y contextura media, ya lleva 13 años de trayectoria como maestra bilingüe (castellano-guaraní), educando a niños de nivel primaria.

Nació en la comunidad Tatarenda Nuevo, ubicada sobre la carretera Camiri-Santa Cruz, pero hace tres semanas decidió mudarse a la capital cruceña para reunirse con sus hijos que ya cursan estudios en la ciudad desde hace algún tiempo.

Cumpliendo la labor de madre y padre, relata con satisfacción que sus cuatro retoños también hablan muy bien el guaraní. “Me enorgullece ver que mis hijos nunca sintieron temor de decir: sí yo soy guaraní. Saben que no podemos dejar de lado nuestra identidad y me gustaría que transmitan esa misma actitud a sus vástagos”, enfatiza.

Hija de Carlos Santiesteban y Eva Salces, ambos agricultores, Melffy recuerda con nostalgia las vivencias en su tierra natal. Tiene tres hermanas y un hermano, todos hablantes del guaraní.
“Se extraña vivir en un lugar donde se respira tranquilidad y donde uno vive lado a lado con sus parientes que se protegen uno al otro, pero tendré que acostumbrarme a vivir en la ciudad. Llegué para quedarme y para estar al lado de mis hijos. Trato de viajar seguido a mi comunidad para visitar a mis padres. Mi razón de vida ahora son mis hijos y el compromiso con mi pueblo”, explica.

Melffy Santisteban confiesa que vivió en una casa de tabique y paja, así como con limitaciones de algunos servicios básicos.
No obstante, asegura con firmeza que en su hogar nunca faltó el ‘mboroaiu’ (el amor, en su concepto integral).

“Pueden faltar cosas materiales, pero si hay amor, basta”, dice.

De la época de su infancia recuerda con emoción las reuniones con sus abuelitas. “Poníamos cueros de urina sobre el piso y nos sentábamos a escuchar sus cuentos mientras ellas nos peinaban. Siempre nos aconsejaban que hay que evitar pelear y ser siempre hacendosos”, relata.

Contribuyendo a la enseñanza del guaraní
Otro de los aportes de Melffy Santiesteban a la difusión del guaraní es el libro que logró publicar en 2011 en el que brinda una enseñanza didáctica de esa lengua.
Yaikuá guaraní (Aprendamos guaraní) así se llama el texto que ahora sirve como base de estudios en los cursos que se imparten en la Uagrm así como en otros establecimientos educativos.

El texto, de 117 páginas y una colorida portada, en la que se retrató a una sonriente abuelita transmitiendo su sabiduría y contando historias a sus nietos en una comunidad guaraní, busca hacer conocer a los hispanoparlantes no solo la lengua, sino también la cultura y la cosmovisión de ese pueblo indígena de tierras bajas.

Actualmente, Melffy se desempeña como profesora del colegio San Martín de Porres, el primer empleo que logró conseguir a su llegada a la capital cruceña, y busca seguir trabajando dentro de esta actividad que le apasiona. Y es que, según cuenta, desde niña soñó con ser maestra.

Convencida de que desde las aulas se puede seguir contribuyendo a la preservación de lenguas originarias tiene muy claras sus metas para el futuro.

“Yo, como guaraní, he venido trabajando en la recuperación y el fortalecimiento de la lengua de mi pueblo y lo seguiré haciendo. Si perdemos nuestra lengua, también perdemos nuestra cultura. Cada guaraní debe tomar eso muy en cuenta y esforzarse por transmitir sus raíces de generación en generación”, dice Santiesteban.


En su opinión, la comunicación con una lengua nativa ayuda a generar más confianza con los habitantes de los pueblos indígenas por eso cree que es útil su aprendizaje. “Muchos jóvenes que salen a trabajar a zonas rurales sí o sí necesitarán comunicarse con la gente del lugar”, puntualiza.

Claves para aprender
Aprender bésiro o guaraní no es una tarea difícil ni imposible, aseguran quienes difunden el aprendizaje de esas lenguas.

Ignacio Tomichá explica que en el caso de la lengua chiquitana la clave es una pronunciación correcta de los sonidos. Por eso enfatiza que es importante realizar una práctica oral permanente.

Asimismo, aclara que a diferencia de otros idiomas, el bésiro incluye palabras que son escritas y pronunciadas de forma diferente tanto por el hombre como por la mujer. Por ejemplo, un varón saluda con un‘chamuxaume’ y una dama lo hace con un ‘chamuxia’.

En el caso del guaraní, Melffy Santiesteban recomienda no sorprenderse con los signos extraños que muestra el alfabeto. “Con la práctica se darán cuenta de que requieren de una pronunciación a la que ya estamos acostumbrados con el castellano. Así, se encontrarán con letras ‘nasalizadas’ o vocales centrales que las dirán fácilmente”, explica


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