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miércoles, 15 de septiembre de 2010

En Bolivia, 18 lenguas corren serio peligro de desaparecer

Alrededor del 40 por ciento de las lenguas en América Latina se encuentran en riesgo de desaparecer y sólo en Bolivia 18 lenguas —de las 36 que pertenecen a las naciones indígenas originarias— están en peligro de extinción, por lo que el Ministerio de Educación prepara un anteproyecto de ley para la creación del Instituto de Lenguas y Culturas para recuperar, revitalizar y desarrollar las lenguas.

El jefe de la Unidad de Políticas de Educación Intra-Intercultural de Plurilingüismo, del Ministerio de Educación, Wálter Gutiérrez, informó que de las 36 lenguas reconocidas, 23 están registradas y se investiga cuál es el estado del resto.

El artículo 5 de la Constitución Política del Estado señala que son idiomas oficiales el castellano y todas las lenguas de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, que son el aymara, araona, baure, bésiro, canichana, cavineño, cayubaba, chácobo, chimán, ese ejja, guaraní, guarasuawe, guarayu, itonama, leco, machajuyai-kallawaya, machineri, maropa, mojeño-trinitario, mojeño-ignaciano, moré, mosetén, movima, pacawara, puquina, quechua, sirionó, tacana, tapiete, toromona, uruchipaya, weenhayek, yaminawa, yuki, yuracaré y zamuco.

Señaló que no todas las lenguas indígenas originarias citadas en el texto constitucional tienen el mismo nivel de vitalidad, pues algunas enfrentan algún peligro de extinguirse, otras prácticamente están a punto de desaparecer. Las más afectadas pertenecen al territorio del oriente boliviano.

“Por esta razón urgen políticas lingüísticas y normalización idiomática de las lenguas en el país para asegurar la transmisión intergeneracional de las lenguas en la familia, la comunidad y sociedad en general”, subrayó.

El Atlas Interactivo de las Lenguas en Peligro en el Mundo 2009, de la Unesco, clasifica a las lenguas del oriente de Bolivia de acuerdo con el grado de vitalidad y señala que las lenguas canichana y apolista se extinguieron.

Los idiomas baure, cayubaba, itonama, leco, maropa, moré, pacahuara y yuki se encuentran en una situación crítica, es decir que los únicos que hablan son los abuelos; su uso es parcial y con escasa frecuencia.

Las lenguas araona, esse ejja, mosetén, movima, sirionó, yaminahua, tapiete y machineri están en grave peligro de desaparecer porque sólo los abuelos lo hablan. Los adultos comprenden el idioma, no hablan entre sí, menos se comunican con sus hijos.

El cavineño, chacobo, chiquitano, guarayo, mojeño, tacana, yuracaré y ayoreo están en peligro, es decir, los adultos hablan pero los niños ya no aprenden como parte de su lengua materna. Las lenguas tsimán, guaraní y weenhayek se encuentran en nivel de vulnerabilidad, pues la mayoría de los niños hablan la lengua pero su uso está restringido al ámbito familiar.

Se indica que en América Latina hay 522 pueblos indígenas, pero sólo existen 420 lenguas registradas. “Hay unas 100 ausentes, existen 108 pueblos indígenas transfronterizos como el quechua en siete países, y en cuatro el aymara; 44 pueblos sólo hablan castellano y 55 portugués”.

“Es en este contexto que necesitamos normalizar las lenguas originarias, hacer que su uso sea normal como la lengua castellana en ámbitos públicos y privados de manera general”, dijo.

El Instituto de Lenguas y Culturas será una instancia superior dedicada a la investigación, formación especializada, acopio, registro documental, producción, recuperación, mantenimiento, fortalecimiento, desarrollo, difusión de la lengua y la cultura de cada pueblo indígena originario.

“Los institutos tendrán la participación principal de los hablantes para la cuñación y modismos. Por ejemplo, la palabra grabadora no existía en la lengua, pero ahora tendremos dos opciones: nos prestamos el nombre y le ponemos grabadora o acuñamos un nuevo término”, explicó Gutiérrez.

Otro desafío es restaurar algunos términos. Por ejemplo, la palabra Caracollo se aproxima al castellano, cuando su nombre original en aymara es Q´ara Qullu (cerro pelado). “Vamos a restituir y recuperar términos para que tengan un uso normal contribuyendo al desarrollo de las lenguas. Los institutos tendrán que hacer una investigación, pero no viendo al indígena como objeto de estudio, sino como sujetos, normalizar la lengua como ellos quieren”, manifestó.

En el caso de la lengua canichana, 40 pobladores declararon que lo hablan, pero cuando las autoridades visitaron la zona no encontraron a ninguna persona que hable bajo el argumento de que todos se fueron a Brasil.

Se trata de un campo no cubierto por ninguna de las instituciones de investigación o educación superior. Las universidades, academias especializadas o centros de formación docente —que abordan algunos elementos de las lenguas y culturas indígenas— lo hacen de manera aislada y desde la perspectiva de la cultura occidental.

“Queremos desarrollar investigación con lenguas en extinción, con acciones concretas para salvaguardar las lenguas, porque cuando se muere la lengua también se muere la cultura.Todo conocimiento y sabiduría de los pueblos se ha transmitido a través de la lengua, por eso es muy importante la creación de los institutos”, dijo.

La Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, ratificada por el Estado boliviano mediante Ley Nº 3760, referida a idioma y educación, dice que los pueblos indígenas tienen derecho a revitalizar, utilizar, fomentar y transmitir a las generaciones futuras sus historias, idiomas, tradiciones orales, filosofías, sistemas de escritura, así como a atribuir nombres a sus comunidades, lugares y personas, y mantenerlos.


Capacitación de comunicadores y traductores

El Instituto de Lenguas y Culturas formará a locutores, presentadores de televisión y traductores para fortalecer el desarrollo de las lenguas indígenas.

“Observamos que en los diferentes programas los presentadores de noticias o locutores en aymara y quechua, por ejemplo, utilizan un mismo término para referirse a un dirigente o al presidente, pero no debería ser así porque debemos diferenciar”, manifestó Wálter Gutiérrez.

También se capacitará a traductores que recibirán certificación que les habilitarán para asistir a juicios orales, penales o civiles. Traducirán en congresos, seminarios o discursos del quechua al aymara o del inglés al quechua.

“El traductor juega un papel importante considerando que las lenguas no son traducciones literales, sino traducciones de contenido”, agregó.

El Instituto de Lenguas y Culturas otorgará tuición a los pueblos indígenas para que tengan derecho a establecer y controlar sus sistemas e instituciones que imparten educación en sus propios idiomas, en consonancia con sus métodos culturales de enseñanza y aprendizaje, se incluye también a los que viven fuera de sus comunidades.

El Ministerio de Educación y el Ministerio de Culturas firmaron un convenio con el objetivo de que sean los hablantes de las diversas lenguas los que intervengan junto a los profesionales para producir materiales, escritos y orales, de los pueblos que están en peligro de extinción.

La Unidad de Políticas de Educación Inter-Intracultural de Plurilingüismo elabora textos de los pueblos tacana, movima, chimán y están en la perspectiva de avanzar con el pueblo chipaya y afroboliviano.

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